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¿Hablan el mismo idioma? El encuentro entre Ursula y Xi

El 25 Summit UE-China fue cordial pero sin soluciones concretas sobre comercio y guerra en Ucrania. La UE ve a China como socio, competidor y rival, con el CAI suspendido en 2021. Persisten desafíos en la balanza comercial y
Mapa muestra el comercio EU-China, línea de eventos político-económicos (2017-

El 25° Summit entre la UE y China se caracterizó por los tonos cordiales, pero quedó sin soluciones concretas a las antiguas y complejas cuestiones relacionadas al comercio y la guerra en Ucrania. El 24 de julio de 2025 se llevó a cabo en Pekín el 25° EU-China Summit, en ocasión del aniversario de los 50 años del inicio de las relaciones diplomáticas entre las dos partes.

Por la ocasión, las dos máximas autoridades europeas, la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo, se reunieron en dos momentos separados con el primer ministro chino y el presidente de la República Popular China. El encuentro era muy esperado porque se veía como un paso fundamental para clarificar el estado de los lazos políticos y económicos entre Bruselas y Pekín en el contexto de la guerra comercial llevada adelante por Donald Trump desde el día de su inauguración el 20 de enero de 2017.

Las relaciones entre la Unión Europea y China han experimentado un cambio significativo a partir del China Strategic Outlook de 2019, un documento clave en el que Bruselas definió a Pekín como socio, competidor ecoómico y rival sistémico. Esto marcó un giro en la percepción estratégica, reconociendo la existencia de una diferencia política con China en el contexto de una posible cooperación económica. A pesar de esto, gracias a la presión de Angela Merkel, en 2020 se firmó un acuerdo sobre los inversiones bilaterales (Comprehensive Agreement on Investment, CAI), fruto de años de negociaciones para garantizar mayor acceso al mercado chino a las empresas europeas. Sin embargo, el acuerdo se suspendió en 2021 debido a tensiones de naturaleza política, incluyendo las sanciones mutuas relacionadas con los derechos humanos en Xinjiang.

En los años siguientes, ante nuevas vulnerabilidades surgidas con la pandemia y a renovadas tensiones geopolíticas que tienen en cuenta también el relación de Pekín con Moscú, la Comisión Europea ha actualizado su enfoque introduciendo en 2023 conceptos clave como el “de-risking” – que significa la reducción de los riesgos de dependencia estratégica sin una ruptura total de los lazos – y el principio de seguridad económica. Esto muestra una Europa cada vez más consciente del enlace entre economía, tecnología y seguridad.

El día siguiente al Inauguration Day de Trump el 20 de enero de 2017, la presidenta de la Comisión Europea se expresó mostrando disponibilidad a una apertura hacia China, indicando la necesidad de buscar una relación más equilibrada con el objetivo de enfrentarse de manera más constructiva. A medida que aumentaba la presión estadounidense en materia de aranceles, Pekín buscó así presentarse como un socio confiable y mejorar activamente su relación con la UE.

A partir de abril de 2025, después del Liberation Day, funcionarios y empresas chinas han promovido un acercamiento con la UE a través del envío de delegaciones comerciales en las capitales europeas para explorar formas de dirigir las exportaciones obstaculizadas por los aranceles de Trump hacia los mercados europeos. Además, en el intento de mejorar las relaciones, China ha tomado medidas como la revocación, siempre en abril de 2025, de las sanciones a los miembros del Parlamento Europeo que habían bloqueado el avance del CAI. Esta medida se ha interpretado como un intento de relanzar el CAI como plataforma alternativa a la política comercial global de Trump.

Sin embargo, las palabras no han resistido a los hechos, sobre todo en términos de reducción de la presión china hacia Europa en términos de exportación. En 2024 las relaciones económicas entre UE y China confirmaron un desequilibrio fundamental. Con un intercambio comercial de aproximadamente 845 mil millones de euros, las exportaciones europeas hacia China superaron los 213 mil millones de euros en bienes y los 67 mil millones en servicios, mientras que las importaciones de productos chinos casi alcanzaron los 519 mil millones en bienes y los 45,5 mil millones en servicios, generando un significativo desequilibrio comercial – superior a los 300 mil millones de euros – a favor de Pekín. En los últimos diez años las importaciones europeas de China han más que doblado, mientras que las exportaciones de la UE han crecido aproximadamente el 50%.

Además del intercambio, las relaciones se mantienen estrechas también en el campo de los inversiones directos extranjeros. En 2023, las empresas europeas habían invertido en China un valor total estimado en torno a los 230 mil millones de euros, mientras que los inversiones chinos en Europa se estimaban en alrededor de 65 mil millones. En 2024, los flujos de inversión reciprocos se mantuvieron significativos: la Europa invertió en China alrededor de 10,1 mil millones de euros, mientras que los inversiones chinos hacia la UE alcanzaron los 9,4 mil millones.

El tema central en el lazo entre UE y China en los últimos años ha sido el sobrecapacidad, es decir, la condición en la que la economía china se encuentra con un nivel de producción superior al que puede ser absorbido por el mercado. En la visión europea y estadounidense, esta sobrecapacidad es el resultado de subvenciones estatales a la producción que constituyen una práctica comercial incorrecta. El efecto práctico de esta condición es un aumento constante del sobrepaso chino, especialmente en sectores de alta tecnología, como paneles solares, baterías, vehículos eléctricos y dispositivos médicos, mientras que en los años 10 el problema estaba relacionado principalmente con sectores tradicionales de acero y cemento. El sector ejemplar en este sentido es el automotriz, que ha visto a China en pocos años – desde 2020 en adelante – pasar de ser un mercado de importación a convertirse en el primer exportador mundial.

Para abordar este problema, Bruselas ha reaccionado combinando herramientas defensivas y presiones diplomáticas: de una parte, se han aumentado las investigaciones anti-dumping y anti-sussidi, desde octubre de 2024 se han introducido aranceles hasta el 45% sobre las nuevas automóviles eléctricas de batería chinas y en junio de 2025 se decidió excluir por cinco años a los proveedores chinos de los contratos europeos para dispositivos médicos superiores a cinco millones de euros. De parte china, se ha rechazado durante mucho tiempo la idea de que el problema del overcapacity fuera realmente el efecto de una distorsión del mercado, sosteniendo en cambio que la mayor competitividad de los productos chinos fuera únicamente el resultado de un tejido industrial en buena salud y al avance. Además, sobre todo para lo que respecta a los dispositivos para las energías renovables, la China parecería simplemente estar proporcionando al mercado lo que necesita para la transición energética.

Reacciones recientes en China

En los últimos meses, incluso en China se ha comenzado a reconocer que hay, en algunos casos, distorsiones en la producción doméstica, introduciendo el concepto de “neijuan” o “involución” para describir la competencia excesiva al rebajo. Esto podría preludiar a un cambio de política industrial interna.

El encuentro de julio de 2025 entre los líderes de la UE y Xi Jinping

Durante el encuentro de julio de 2025 entre los líderes de la UE y Xi Jinping, las dos partes han clarificado sus respectivas prioridades, mostrando al mismo tiempo margenes de diálogo y divergencias estructurales difíciles de superar. Es de particular interés también el tono adoptado por las delegaciones. Xi se ha concentrado en aspectos de corte más amplio y ha presentado tres propuestas fundamentales para guiar los lazos bilaterales: reforzar el consenso estratégico tratándose como socios y no como rivales, profundizar la cooperación práctica en sectores como economía, tecnología y transición verde, y gestionar de manera adecuada las divergencias, evitando logias de desacoplamiento o políticas de de-risking consideradas hostiles. Por otro lado, la presidenta de la Comisión Europea ha sido más puntual en su discurso y ha reiterado a nombre de la UE tres temas clave: la necesidad de reequilibrar la balanza comercial y abordar la cuestión de la overcapacidad china, la solicitud de garantizar un acceso equitativo y sin obstáculos al mercado chino para las empresas europeas, y finalmente la voluntad de cooperar en desafíos globales como clima y biodiversidad, pero solo a condición de que haya reglas claras y reciprocidad efectiva.

El enfrentamiento ha así puesto de manifiesto la distancia entre el enfoque chino, impregnado de estabilidad y apertura sin vínculos estrictos, y el enfoque europeo, centrado en correcciones inmediatas a los desequilibrios estructurales y en la protección de la industria continental. A pesar de los tonos cordiales y el compromiso de mantener el diálogo, la resolución del nodo sobre la overcapacidad productiva y el riesgo de dumping aparece decisiva para determinar el futuro evolución de los lazos entre Bruselas y Pekín.

El acuerdo sobre el cambio climático

El diálogo abierto representa el punto más positivo del encuentro. Sin embargo, no parece haber posibilidades para resolver las divergencias estructurales existentes. La China está convencida de actuar de manera legítima y apunta a capitalizar la conquista de fajas de mercado en sectores emergentes. Además, considera conveniente un lazo cercano con Rusia porque distrae al Occidente de enfrentarla directamente. La UE, por otro lado, está convencida de que las prácticas económicas chinas son una amenaza sistémica al propio sistema económico. Sin embargo, alejarse de China es costoso y se vuelve aún más complicado por la presión de los Estados Unidos. Por esta razón, el bloque comunitario necesita encontrar lo antes posible una forma para dilatar los costos de la competencia económica china. Además, Bruselas ve un peligro para su seguridad el apoyo chino a Rusia.

Si los aranceles estadounidenses son confirmados, sin embargo, las dos partes tendrán que encontrar un modo para hablar porque es la Europa el mercado alternativo al que la China tendrá que dirigirse.

Bruselas tendrá que encontrar una forma para gestionar el aumento del interés de las empresas chinas en su mercado.

Cambio de la UE de socio de China a rival: Gráfica, documentos y