
La desigualdad patrimonial ha pasado a ser uno de los problemas más importantes a los que se enfrentan nuestras sociedades modernas debido a su repercusión en la cohesión social y la estabilidad económica. La cifra de personas con un patrimonio superior a los 1.000 millones de dólares ha crecido a un ritmo anual del 10% en las últimas décadas, pasando de 140 personas en los años 80 del siglo XX a 2.781 milmillonarios en la actualidad. Este aumento ha ido en paralelo a nuevas vías para ocultar la riqueza. La evasión fiscal extraterritorial y la ocultación patrimonial en instituciones financieras con sede en paraísos fiscales, junto con la inversión en bienes inmuebles y activos susceptibles de eludir el intercambio de información, han permitido a los grandes patrimonios mantener el secretismo y pagar pocos impuestos.
Las investigaciones empíricas constatan el déficit fiscal de los individuos con grandes patrimonios. La mayor parte de la población de un país paga entre un 25% y un 50% de sus ingresos en impuestos a lo largo de toda la distribución de la renta, mientras que los milmillonarios y cienmillonarios pagan entre el 20% y el 25%. En todos los casos, los tipos impositivos efectivos para los milmillonarios son mucho más bajos que los de otros grupos de renta. En ausencia de políticas que hagan frente al déficit tributario de los milmillonarios, la riqueza de este grupo seguirá subiendo hasta rondar el 20% del PIB mundial de aquí a 10 años.
Un impuesto mínimo global para la parte más alta de la distribución de la riqueza
Ante esta situación, se está planteando en diversos foros, de manera destacada en el G20, la aplicación de un impuesto mínimo global para la parte más alta de la distribución de la riqueza (milmillonarios y cienmillonarios) como una respuesta normativa necesaria. Este impuesto consistiría en un tipo complementario para los milmillonarios del equivalente al 2% del valor de su patrimonio. En el pasado, los intentos de aplicar de forma efectiva un impuesto sobre la riqueza han tenido menos éxito debido a la movilidad de los milmillonarios o de la propia riqueza. La entrada en vigor de la ley FACTA en EEUU y del ECCI en la OCDE sirvió para implantar el intercambio automático de información entre autoridades tributarias para determinados activos financieros. Ampliar el intercambio de información a otras clases de activos podría facilitar la implantación de un impuesto mínimo global.
Alcanzar un acuerdo multilateral en torno a un impuesto mínimo global sobre la riqueza de los milmillonarios es una tarea incierta, puesto que las negociaciones de normas internacionales comunes entre países suelen durar años. Aun así, la experiencia reciente demuestra que se pueden cerrar acuerdos con éxito cuando varios países conforman una masa crítica, dan el primer paso de manera unilateral, firman un tratado y empiezan a intercambiar información. Aparte del intercambio automático de información, la creación de un registro mundial de bienes podría ser el objetivo último de los gobiernos en los próximos años, después de la implantación del impuesto.
La tributación a los patrimonios milmillonarios
La tributación a los patrimonios milmillonarios se está erigiendo como un tema prominente en el debate económico mundial. En las últimas décadas, el 1% de los patrimonios más acaudalados ha tenido en sus manos alrededor del 40% de la riqueza mundial, un porcentaje que se ha mantenido en el tiempo prácticamente sin cambios. Una de las razones fundamentales para esta persistencia ha sido la habilidad de los milmillonarios para pagar cuotas impositivas reales más bajas que el resto de la población. A raíz de los debates recientes en la Cumbre del G20 de 2024, ha empezado a plantearse un nuevo enfoque: aplicar un tipo impositivo mínimo anual del 2% a los patrimonios milmillonarios. Este estudio examina la dinámica de acumulación de la riqueza por parte de los milmillonarios y cuantifica los ingresos que se podrían generar gracias a ese impuesto.
Partiendo del crecimiento patrimonial de los milmillonarios en el último decenio, se ha calculado que, frente al 0,06% actual, la recaudación anual podría ascender al 0,22% del PIB mundial en 2025 y llegaría al 0,27% en 2030. El total de los ingresos tributarios de los próximos siete años sería de unos 2,1 billones de dólares en valor absoluto. Podría convertirse en una fuente sustancial de ingresos que los países aprovecharían para abordar con eficacia los retos fiscales del futuro y reducir las desigualdades.
La desigualdad patrimonial
La desigualdad patrimonial ha pasado a ser uno de los problemas más importantes a los que se enfrentan nuestras sociedades modernas por su repercusión en la cohesión social y la estabilidad económica. La disparidad patrimonial entre ricos y pobres se ha visto exacerbada desde la década de 1970 por la globalización, los avances tecnológicos y algunas decisiones políticas que han favorecido a las personas adineradas y a las grandes multinacionales. Según Forbes, en la actualidad existen 2.781 personas con un patrimonio estimado superior a 1.000 millones de dólares. En comparación con la población mundial, se trata de un grupo ínfimo, pero que concentra una riqueza acumulada de 14,2 billones de dólares. Esta cifra de “milmillonarios” ha ido creciendo a un ritmo anual del 10% en las últimas décadas, hasta pasar de 140 personas en los años 80 del siglo XX a las 2.781 actuales.
Para facilitar la comparación a lo largo de los años, se puede calcular el incremento de los patrimonios milmillonarios en porcentaje de la renta mundial, es decir, la parte de la riqueza mundial en manos de las personas con mayores ingresos. Aplicando este método, los milmillonarios representan el 0,0001% superior de la población mundial. La riqueza poseída como porcentaje del PIB mundial ha subido del 3% al 13,5% en las últimas cuatro décadas. En todas las décadas desde 1980 se ha observado que la riqueza real en manos de milmillonarios ha crecido un 7% al año, mientras que, en comparación, el patrimonio medio por adulto ha subido un 1,8%. El efecto compuesto acumulado de este incremento tiene implicaciones enormes para las desigualdades y cabe achacar a este fenómeno el aumento del porcentaje de la riqueza mundial en manos del 0,0001% de la población.
La variación geográfica por continentes es otra característica definitoria del patrimonio mundial de los milmillonarios. En 2024, la amplia mayoría de los milmillonarios residen en Asia, Norteamérica y Europa (2.545 del total de 2.781), mientras que son muchos menos los que viven en Oceanía, Oriente Medio, África o América Latina y el Caribe. En cuanto a la riqueza, la lista la encabeza EEUU; el patrimonio total en manos de milmillonarios es de 6 billones de dólares de un total mundial de 14,2 billones, lo que equivale a un 20% largo del PIB estadounidense en 2024. La última columna presenta porcentajes similares para todas las regiones que apuntan a una variación considerable en la propiedad de la riqueza en todo el mundo, ya que se aprecia un acaparamiento del patrimonio en el Norte Global y ese fenómeno escasea en el Sur Global.
La dinámica patrimonial de los milmillonarios
En líneas generales, la dinámica patrimonial de los milmillonarios en las últimas cuatro décadas indica que: (a) la cuota de la riqueza mundial en manos del 0,0001% superior de la población, que equivale al porcentaje de los milmillonarios del planeta, ha crecido con fuerza del 3% al 13,5% del PIB mundial; (b) el índice anual compuesto de crecimiento de la riqueza cuadriplica el índice de crecimiento del patrimonio adulto medio, y el efecto total de la diferencia tiene repercusiones profundas para la desigualdad; y (c) existe una variación regional considerable, con más patrimonios milmillonarios en el Norte Global que en el Sur Global.
Una de las vías para ocultar la riqueza ha consistido en desviar el patrimonio financiero al extranjero. Los cálculos recientes apuntan a que, en la actualidad, hay unos 12 billones de dólares en paraísos fiscales, lo que equivale aproximadamente al 12% del PIB mundial. Esta forma de evasión fiscal extraterritorial tiene un efecto nada baladí sobre el escalón superior de la distribución de la riqueza. Esta práctica se concentra sobre todo en el 0,1% superior de los hogares más ricos, que son los que poseen aproximadamente un 80% de la riqueza extraterritorial, mientras que el 0,01% posee en torno al 50%. El 0,01% de la cima evade alrededor del 25% de sus impuestos valiéndose de las lagunas legales y recurriendo a los paraísos fiscales.
En el pasado, la forma más común de ocultación patrimonial era recurrir a instituciones financieras con sede en paraísos fiscales. No obstante, la evolución destacable de las políticas al respecto en los últimos 10 años han puesto coto en gran medida a esta práctica. En 2010 entró en vigor en EEUU la Ley de cumplimiento fiscal de cuentas en el extranjero (FATCA), en virtud de la que se exige información a los bancos del mundo entero sobre las cuentas cuyo titular sea un ciudadano estadounidense. Más de 100 países promulgaron en 2014 una legislación similar conocida como el Estándar Común de Comunicación de Información (ECCI). Las instituciones financieras informan sobre los saldos de las cuentas, mientras que las administraciones tributarias intercambian esta información de manera automática. El aumento de la cooperación ha supuesto una reducción del patrimonio financiero no declarado: tras la introducción del intercambio automático de información, se calcula que ahora se grava en torno al 70% del patrimonio mundial extraterritorial, cuando antes de las reformas no superaba el 10%.
Tras la introducción del ECCI, los particulares con grandes patrimonios han empezado a recurrir a valerse de otras clases de activos para ocultar la riqueza. Las conclusiones que se desprenden de investigaciones recientes apuntan a los bienes inmuebles como una de las clases de activos que se emplea para eludir el intercambio de información y mantener el secretismo. Los hallazgos cuasiexperimentales documentan un incremento de 45.000 millones de dólares en el mercado de los bienes inmuebles en el Reino Unido tras la entrada en vigor del ECCI. Los datos del mercado inmobiliario de Dubái sugieren que los particulares extranjeros poseen alrededor del 43% del valor total de todos los inmuebles residenciales de la ciudad, mientras que ha quedado documentado un auge considerable de las inversiones rusas en la ciudad emiratí tras la invasión de Ucrania, con un fuerte aumento de las cuentas de servicios públicos y los alquileres residenciales relacionados con ciudadanos rusos.
El ocultamiento de la riqueza en paraísos fiscales también se da a través de la mudanza personal de milmillonarios a otros países o regiones. El porcentaje de milmillonarios que residen fuera de su país o su región ha ido creciendo con el paso de los años. Alrededor del 9% vive ahora en otro país. Entre 2002 y 2024 de todos los milmillonarios que viven fuera de su país de nacionalidad, el 22,9% vive en Suiza, el 22,5% en el Reino Unido y el 13,1% en EEUU. En otras jurisdicciones donde tradicionalmente se pagan pocos impuestos se observa un porcentaje bastante elevado en comparación con su población: Hong Kong, Mónaco, Singapur y Emiratos Árabes Unidos.
Varios países han competido entre sí por distintos medios para atraer a particulares con grandes patrimonios. La introducción de regímenes preferentes se ha centrado en: (a) una tributación preferente para la renta mundial si se traslada la residencia fiscal; (b) reducciones fiscales para una actividad profesional específica, como por ejemplo deportistas, artistas y nómadas digitales; (c) regímenes especiales para jubilados; y (d) ciudadanía, o pasaporte, o tributación preferente a cambio de invertir en el país.
Calcular la magnitud de la evasión fiscal de los milmillonarios no fue posible durante mucho tiempo por la ausencia de datos al respecto. Hace falta contar con una estimación de su renta mundial, una valoración de la fragmentación de su patrimonio, la consideración de cualquier práctica de elusión y compararlo todo con los impuestos que sí pagan. En los últimos años, se ha empezado a solventar esta carencia gracias a una serie de estudios en EEUU, Francia, Italia y los Países Bajos.
Al combinar los datos empíricos de los estudios con trabajos anteriores sobre los tipos impositivos efectivos para particulares a lo largo de toda la distribución de la renta, podemos valorar el porcentaje de impuestos que se paga en cada percentil. Lo que se constata en los cuatro casos es el déficit fiscal de los individuos con grandes patrimonios: el porcentaje de impuestos sobre la renta cae de manera drástica en la parte más alta. La mayor parte de la población de un país paga entre un 25% y un 50% de sus ingresos en impuestos a lo largo de toda la distribución de la renta, mientras que los milmillonarios y cienmillonarios pagan entre el 20% y el 25%. En todos los casos, los tipos impositivos efectivos para los milmillonarios son mucho más bajos que los de otros grupos de renta, por lo que resultan considerablemente inferiores al tipo impositivo medio de la población.
El déficit fiscal de los milmillonarios: un problema global
Este déficit fiscal hace que se prevea un crecimiento continuo del patrimonio de los milmillonarios que afectaría en gran medida a las desigualdades. La Figura 8 presenta una extrapolación del patrimonio de los milmillonarios como porcentaje del PIB mundial hasta 2050. Cabe recordar que este porcentaje ha subido del 3% en 1987 al 14% actual. En ausencia de políticas que hagan frente al déficit tributario de los milmillonarios, se prevé que la riqueza de este grupo seguirá subiendo hasta rondar el 20% del PIB mundial de aquí a 10 años.
La aplicación de un impuesto mínimo global
Se está planteando la aplicación de un impuesto mínimo global para la parte más alta de la distribución de la riqueza (milmillonarios y cienmillonarios) como una respuesta normativa necesaria. Ese impuesto consistiría en un tipo complementario para los milmillonarios que paguen menos del equivalente al 2% del valor de su patrimonio. La Figura 9 presenta los ingresos que se recaudarían gracias a un impuesto mínimo del 2% sobre el patrimonio de los milmillonarios.
La base de las proyecciones es el crecimiento en el número y la riqueza de los milmillonarios en los últimos 10 años, que se puede extrapolar a los años venideros. El monto total de los ingresos adicionales en 2025 ascendería al 0,22% del PIB mundial y llegaría hasta el 0,27% en 2030, lo que supone un incremento considerable frente al 0,06% de hoy. Con la dinámica actual, la riqueza de los milmillonarios crecerá de 14,2 billones de dólares en 2024 (aproximadamente el 13% del PIB de 2024) a unos 25 millones en 2030 (en torno al 20% del PIB previsto para ese año).
El monto absoluto de los ingresos recaudados hasta 2030 asciende a 2,1 billones de dólares, lo que puede suponer una importante fuente de ingresos para muchos países del mundo. Estos ingresos tributarios podrían utilizarse a nivel mundial para acelerar con fuerza la transición ecológica, multiplicar la inversión en servicios públicos (sanidad, educación, infraestructuras, espíritu emprendedor) y blindar el Estado del Bienestar.
La movilidad de los milmillonarios y la riqueza
En el pasado, los intentos de aplicar de forma efectiva un impuesto sobre la riqueza han tenido menos éxito debido a la movilidad de los milmillonarios o la movilidad de la propia riqueza. No obstante, la entrada en vigor de la ley FACTA en EEUU y del ECCI en la OCDE sirvió para implantar el intercambio automático de información entre autoridades tributarias para determinados activos financieros.
En la actualidad, las instituciones financieras proporcionan esta información a las autoridades nacionales, quienes a su vez intercambian información unas con otras. El intercambio tiene como objeto a todas las personas a nivel mundial con independencia del patrimonio, por lo que esta información existe y ya se está intercambiando en el caso de los milmillonarios.
Ampliar el intercambio de información a otras clases de activos podría facilitar la implantación de un impuesto mínimo global. Las clases de activos para las que debe haber un intercambio son principalmente la titularidad de las empresas y los bienes inmuebles. Por lo que respecta a la primera, la mayoría de los países cuentan con un registro de beneficiarios reales en el que se deja constancia del beneficiario final de una empresa.
Esta información está en manos de los gobiernos nacionales, pero el nivel de acceso varía de un país a otro. Para individuos con grandes patrimonios, la información sobre beneficiarios reales se puede intercambiar de forma automática, lo que dificulta la estructuración del patrimonio en sociedades ficticias, fideicomisos y holdings que oculten la información sobre la titularidad y los ingresos de los particulares.
Una segunda fuente de información plenamente disponible para su intercambio automático son los bienes inmuebles. La mayoría de los países de todo el mundo cuentan con un registro de la titularidad inmobiliaria cuya información, en el caso de los milmillonarios, se puede intercambiar de manera automática en función de la asignación de activos y el país de residencia. Alcanzar un acuerdo multilateral en torno a un impuesto mínimo global sobre la riqueza de los milmillonarios es una tarea incierta, puesto que las negociaciones de normas internacionales comunes entre países suelen durar años. Aun así, la experiencia reciente nos ha demostrado que se pueden cerrar acuerdos con éxito cuando varios países conforman una masa crítica, dan el primer paso de manera unilateral, firman un tratado y empiezan a intercambiar información. Con este enfoque se aprovecha la existencia de estructuras nacionales, y los países se pondrían de acuerdo para mejorar su capacidad de recopilación de datos e intercambiarían distintas competencias. Cada país mantendría el control sobre sus datos, pero comprometiéndose a intercambiar la información pertinente sobre milmillonarios con los demás firmantes del tratado en cuestión. Este método descentralizado podría ser más flexible y se podría aplicar con mayor rapidez, puesto que se parte de políticas y marcos nacionales ya establecidos. Puede servir para generar una reacción en cadena y que se vayan sumando nuevos países para beneficiarse de la recaudación tributaria adicional.
Creación de un registro mundial de bienes
Aparte del intercambio automático de información, la creación de un registro mundial de bienes podría ser el objetivo último de los gobiernos en los próximos años, después de la implantación del impuesto. Este registro contaría con una estructura centralizada en la que se recopilaría y analizaría la información sobre el patrimonio de los milmillonarios. Se les exigiría que aportasen toda la información a través de sus asesores contables y a los países se les pediría que enviasen los datos que obren en su poder a esta unidad central. La cual se encargaría de agrupar, cotejar y analizar toda la información. Este enfoque vela por la uniformidad y coherencia en la recopilación y la gestión de los datos, lo que facilita que se pueda llevar a cabo una supervisión precisa de la riqueza de los milmillonarios. Al tratarse de un proceso centralizado, el registro mundial de bienes serviría de fuente única y autorizada de datos sobre los activos de milmillonarios (o cienmillonarios) que permitiría aplicar con eficiencia el tipo del 2% del impuesto mínimo global.
