
Los Estados Unidos han desplegado tres destructores en el Mar de las Antillas para combatir el tráfico de drogas, una medida que ha generado una fuerte reacción por parte del gobierno venezolano, liderado por Nicolás Maduro. Los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson han sido desplegados en el sur del Mar de las Antillas, cerca de las costas venezolanas, en respuesta a la última grave crisis entre Washington y Caracas. La Casa Blanca ha justificado la operación como parte de la estrategia de lucha contra el tráfico de drogas iniciada por la administración Trump, pero en Venezuela es vista como una amenaza intervencionista.
Esta operación no es un gesto aislado, sino que forma parte de una serie de acciones tomadas en los últimos meses. El 8 de agosto, Trump firmó un decreto que autoriza intervenciones militares directas en países terceros para aniquilar las rutas de la droga que llegan a los Estados Unidos. Esta decisión ha generado reacciones negativas, especialmente por parte del gobierno mexicano. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum expresó sorpresa y preocupación, reiterando que no permitirá la operación de fuerzas armadas estadounidenses en su territorio nacional.
Pocos días después, los Estados Unidos ofrecieron una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro, acusado de ser el principal patrocinador político de los carteles de la droga, especialmente del famoso Tren de Aragua. Esta organización, compuesta por miles de miembros, está activa en toda América Latina y en los Estados Unidos, gestionando parte del comercio de fentanilo que inunda las ciudades estadounidenses. En respuesta, Maduro definió a Trump como un «locura» y anunció la movilización general de las fuerzas de defensa venezolanas.
El número dos del régimen, Diosdado Cabello, revirtió las acusaciones, sosteniendo que son los Estados Unidos los que fomentan el comercio de drogas. Cabello acusó a la DEA de alimentar el tráfico de drogas en lugar de combatirlo. Maduro luego afirmó que Venezuela está preparada para enfrentar cualquier amenaza, declarando que el país está preparado para defenderse contra el «Imperio» con sus «artilleros». Maduro anunció la movilización de los reservistas de la milicia bolivariana, que según el gobierno venezolano ascienden a 4,5 millones de personas capacitadas y dispuestas a defender la revolución bolivariana.
La oposición venezolana, que desde meses opera en clandestinidad por miedo a nuevos arrestos y represalias por parte del régimen, ha acogido positivamente la decisión de Trump. La líder de la oposición María Corina Machado ha denunciado varias veces los vínculos del gobierno con los carteles de la droga y espera en un intervención americana para poder eliminar el chavismo.
Los tres destructores están avanzando en el Mar de las Antillas, acompañados por aviones espía y submarinos tácticos. Se estima que en la operación participan alrededor de 4.000 marines. El gobierno de Cuba, histórico aliado de Caracas, ha confirmado los movimientos y ofrecido su solidaridad a Maduro. Los demás países de Sudamérica, por ahora, observan con preocupación las consecuencias de una crisis que nadie sabe cómo puede evolucionar. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a llegar Trump, dado que por parte de Caracas no hay ninguna concesión ni voluntad de diálogo.
