
Durante la semana del Vertice ASEAN, el Presidente de Estados Unidos visitó el Sudeste Asiático con el objetivo de contrarrestar la expansión económica china en la región y diversificar las importaciones, asegurándose el acceso a tierras raras y minerales críticos. La visita oficial a Malasia, del 26 al 27 de octubre de 2025, permitió al Presidente reunirse con líderes regionales, muchos de cuyos países han sido afectados por los aranceles del «Liberation Day». Esta fue la primera visita de Trump al Sudeste Asiático desde su retorno a la Casa Blanca, diez meses después del inicio de su segundo mandato, y continuó con una visita a Japón para reunirse con la recién elegida primera ministra nipona. La misión se llevó a cabo en un contexto de alta tensión económica y diplomática en la región.
El viaje tenía un significado político y simbólico. Washington buscaba reafirmar su presencia en una área estratégica para la estabilidad del Indo-Pacífico y contrarrestar la influencia china, que ha fortalecido su red de alianzas económicas mediante inversiones en infraestructuras, tecnología y apoyo político a los países vecinos. Las medidas tarifarias introducidas por la administración Trump durante el año habían aumentado las preocupaciones de muchos países del Sudeste Asiático, temerosos de un endurecimiento de las relaciones con uno de sus principales mercados de exportación. La imposición de nuevos aranceles fue recibida con preocupación por Malasia y Camboya, economías abiertas y altamente dependientes de sus exportaciones.
Impacto en Malasia y Camboya
Durante la visita, ambos países firmaron acuerdos comerciales con la Casa Blanca, aunque no lograron disipar completamente sus preocupaciones económicas y estratégicas, debido principalmente a la imprevisibilidad de la política estadounidense y a la fuerte presión económica china. Malasia enfrenta el 2025 con un crecimiento moderado pero estable, con un producto interno bruto previsto en aumento de aproximadamente el 4,5%, sostenido principalmente por las exportaciones de componentes electrónicos y semiconductores, que son el corazón de la economía del país. Casi el 70% del PIB malasio depende de las exportaciones, y Estados Unidos representa el segundo mercado de destino con el 13,2% del total, solo por detrás de Singapur, que representa el 15,2% de las exportaciones, y por delante de otros gigantes de la región como China (12,4%) y Japón (5,5%). Las relaciones comerciales con Washington son vitales tanto para la demanda de productos tecnológicos como para la cooperación en el sector de alta tecnología.
Malasia es un nodo esencial en la cadena de valor global de los semiconductores. La manufactura en el campo de la electrónica representa aproximadamente el 40% de las exportaciones totales del país, ampliamente sostenida por el sector de los semiconductores, en el cual Kuala Lumpur es líder en manufactura, ensamblaje y pruebas. Numerosas empresas estadounidenses utilizan instalaciones malasias para el ensamblaje y empaquetado de chips, haciendo del país una plataforma estratégica para la industria electrónica mundial. Sin embargo, las tensiones tarifarias podrían comprometer este equilibrio, impulsando a Kuala Lumpur a diversificar aún más sus asociaciones, incluyendo a Pekín, que ha estado presente en el país durante décadas y ha aumentado sus inversiones directas y acuerdos de producción conjunta en los últimos años.
La situación en Camboya
En Camboya, la situación es más frágil. Después de un crecimiento sostenido de aproximadamente el 6% en 2024, la tasa de crecimiento prevista para 2025 se sitúa en torno al 4,8%, frenada por la caída de la demanda externa global y el aumento de los costos de producción. La economía camboyana sigue estando fuertemente vinculada al sector textil y de calzado, que representa la principal voz de las exportaciones (aproximadamente el 35% del valor total) y emplea a cientos de miles de trabajadores. Estados Unidos sigue siendo de lejos el principal mercado de destino, absorbiendo más de un tercio de las exportaciones totales del país. Sin embargo, la introducción en abril de 2025 de aranceles de hasta el 36% en algunos productos camboyanos, reducidos a agosto al 19%, ha puesto en dificultades al sector, obligando a Phnom Penh a intensificar sus lazos con China y otros socios regionales.
Consecuencias de la política estadounidense
En 2024, tanto Malasia como Camboya registraron un superávit comercial con Estados Unidos (respectivamente de $24,9 mil millones y $12,3 mil millones), un dato que la administración Trump interpretó como un desequilibrio y motivo para revisar las condiciones de intercambio. Sin embargo, la decisión estadounidense de imponer aranceles para corregir este desequilibrio podría afectar a aquellos países de los que Washington necesita en la competencia estratégica con China. No solo Kuala Lumpur y Phnom Penh temen los efectos negativos de un enfriamiento de las relaciones con Washington; también Estados Unidos debe evitar dejar espacio a Pekín en una región cada vez más sensible.
En los últimos años, China ha intensificado su actividad diplomática y comercial en el Sudeste Asiático, presentándose como un interlocutor pragmático y confiable. Esta imagen de confiabilidad se ha fortalecido con la llegada de Trump a la Casa Blanca, cuyas acciones han sido difíciles de anticipar y han afectado tanto a socios como a rivales. El bloque ASEAN es el mayor socio comercial de Pekín, superando ya los $400 mil millones en valor de exportaciones en el primer semestre de 2025, frente a casi $600 mil millones alcanzados en todo 2024. Este crecimiento es impulsado principalmente por bienes de alta tecnología y proyectos de digital economy. Además de las exportaciones, China invierte en numerosos proyectos de conectividad en el bloque, incluyendo la línea ferroviaria de alta velocidad entre Yakarta y Bandung en Indonesia, así como inversiones en puertos malasios y fábricas y líneas de transporte de mercancías en Camboya.
La visita del Presidente Xi Jinping a Vietnam, Malasia y Camboya en abril consolidó los lazos bilaterales y reafirmó el compromiso chino de invertir en infraestructuras, energía y digitalización, áreas en las que Estados Unidos ha mostrado una presencia discontinua. En este contexto, la misión asiática de Trump parece un intento de relanzamiento, un gesto destinado a asegurar a los aliados, defender las cadenas de suministro estadounidenses y reafirmar el compromiso de Washington en el corazón del ASEAN. Sin embargo, la competencia con China ya no se juega solo en el terreno comercial, sino en la capacidad de construir confianza política y perspectivas de desarrollo compartidas.
Para los países del Sudeste Asiático, el objetivo es mantener un equilibrio entre las dos potencias, evitando alinearse abiertamente, pero aprovechando al máximo la rivalidad entre Estados Unidos y China para obtener beneficios económicos. Sin embargo, con el aumento de las tensiones internacionales, se vuelve cada vez más difícil para los países del ASEAN encontrar un equilibrio sin provocar represalias de uno de los dos gigantes económicos mundiales.
Acuerdos comerciales bilaterales
Durante su visita a Kuala Lumpur, el Presidente estadounidense Donald Trump firmó una serie de acuerdos comerciales bilaterales con los Primeros Ministros de Malasia y Camboya, y sentó las bases para un futuro acuerdo marco con el Primer Ministro de Tailandia. Estos acuerdos marcan uno de los momentos más relevantes de su viaje al Sudeste Asiático y confirman la intención de Washington de redefinir su presencia económica en la región, después de años de oscilaciones entre apertura y proteccionismo.
Desde la perspectiva de los países asiáticos involucrados, estos acuerdos representan una forma de protección diplomática contra el impacto de los aranceles impuestos por la Casa Blanca. Los gobiernos de Kuala Lumpur y Phnom Penh obtuvieron la promesa de que algunos sectores estratégicos, como la electrónica de consumo, los componentes automotrices y el textil, estarán exentos de las nuevas tarifas «recíprocas» introducidas durante 2025. Esta cláusula fue recibida positivamente por las economías locales, que quedarán solo parcialmente afectadas por el nuevo nivel de aranceles establecido en el 19%. Por ejemplo, para Malasia, esto significa salvaguardar aproximadamente el 60% de sus exportaciones dirigidas a Estados Unidos, equivalentes a unos $36,96 mil millones. A cambio, Malasia y Camboya se comprometieron a fortalecer la cooperación en el campo de la seguridad económica, la trazabilidad de las cadenas de suministro y el respeto de los estándares de origen de los productos, un punto muy importante para Washington.
Desde la perspectiva estadounidense, el éxito político del acuerdo reside principalmente en la parte relativa a los minerales críticos y las tierras raras, un ámbito que se ha vuelto estratégico para la competencia tecnológica con China. Estados Unidos obtuvo acceso preferencial a los recursos minerales de la región, especialmente a las suministros de tierras raras, estaño, tungsteno y antimonio, materiales esenciales para la producción de microchips, baterías, imanes permanentes y sistemas de defensa. Malasia anunció el 26 de octubre que no impondría cuotas ni limitaciones a la exportación de minerales críticos, tierras raras y magnetes asociados a estas. Sin embargo, Kuala Lumpur decidió mantener algunas restricciones a la exportación de tierras raras no procesadas para evitar el riesgo de «vender a bajo costo materias primas» sin que puedan generar valor añadido para el país. Esta medida forma parte de la estrategia de Malasia para mejorar su capacidad de refinación de tierras raras y capitalizar las aproximadamente 16,2 millones de toneladas de reservas de estos materiales que el gobierno ha estimado poseer.
Camboya, por su parte, eliminó los aranceles de entrada a las mercancías provenientes de Estados Unidos y facilitó las inversiones de Washington en el sector de las materias primas críticas, creando un corredor minero destinado a aumentar la exportación de minerales brutos y semielaborados hacia el mercado norteamericano. Trump también presidió la firma de un acuerdo de paz entre los líderes de Camboya y Tailandia para acercar a una normalización de las relaciones después de semanas de enfrentamientos fronterizos, que concluyeron con un alto el fuego alcanzado a finales de julio tras la intervención diplomática de Malasia, China y, finalmente, la intervención decisiva de Donald Trump.
Estas acciones de la administración de Estados Unidos forman parte de una estrategia más amplia de diversificación de las cadenas de suministro, con el objetivo de reducir la dependencia estadounidense de China, que actualmente domina la cadena de suministro de tierras raras, cubriendo aproximadamente el 60% del proceso de extracción y el 90% de la refinación a nivel mundial. En los últimos años, Pekín ha utilizado el control sobre estos materiales como una palanca económica y geopolítica, limitando su exportación en respuesta a sanciones o restricciones occidentales. En este contexto, garantizar nuevas rutas de suministro en países del ASEAN se convierte para Washington en una prioridad tanto económica como de seguridad nacional.
Objetivos de la estrategia de diversificación
Los acuerdos firmados por Trump tienen un doble objetivo: por un lado, contener los efectos de las tensiones tarifarias en la región y tranquilizar a los socios asiáticos; por otro, rediseñar el mapa de las recursos críticos globales, reduciendo la influencia china y consolidando una red alternativa de suministro. Queda por ver si las promesas estadounidenses serán suficientes para sostener la capacidad industrial local y si los países firmantes podrán equilibrar las nuevas oportunidades económicas con la necesidad de no comprometer sus relaciones, cada vez más estrechas, con Pekín.
