
La visita de Mohammed bin Salman (MbS) a Donald Trump marcó un punto de inflexión significativo en la política exterior de Estados Unidos. Los sauditas, con enormes inversiones y acuerdos militares avanzados, incluyendo la venta de aviones F-35, superaron a Israel como prioridad estratégica para Estados Unidos. Mientras que Israel, bajo la liderazgo de Benjamin Netanyahu, había disfrutado de un acceso privilegiado a la Casa Blanca y al Capitolio, la visita de MbS, inicialmente planificada como una reunión de negocios, fue elevada al estatus de visita de estado. Este cambio simboliza un desplazamiento en las prioridades de Estados Unidos en Medio Oriente, donde Arabia Saudita ahora ocupa un lugar más prominente que Israel.
La visita de MbS no solo destacó la importancia económica y militar de Arabia Saudita para Estados Unidos, sino que también reveló un cambio en la percepción de las relaciones internacionales. Trump, conocido por su enfoque en las transacciones comerciales, vio en Arabia Saudita y otros países del Golfo una oportunidad para ampliar los lazos económicos y militares. Los sauditas, que ya habían obtenido el estatus de «importante aliado» de Estados Unidos, recibieron la promesa de una cantidad significativa de aviones de combate F-35, considerados entre los más avanzados del arsenal aéreo estadounidense. Este acuerdo rompió con la tradición de que los acuerdos militares de este tipo estuvieran sujetos al veto israeliano, ya que la superioridad aérea de Israel en la región se consideraba un «vantaje estratégico cualitativo» intocable.
La relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita se basa en una serie de inversiones y acuerdos que van más allá de lo militar. Arabia Saudita planea aumentar sus inversiones en Estados Unidos a más de 600 mil millones de dólares, y esto es solo una parte del potencial negocio entre los dos países. Además, la «Visión 2030» de MbS, un ambicioso plan para modernizar y diversificar la economía saudita, depende en gran medida de la estabilidad regional. Esta estabilidad es crucial no solo para los intereses sauditas, sino también para los negocios de la familia Trump, como la construcción de un resort lujoso en las Maldivas en colaboración con la Dar Global saudita.
El cambio en la política exterior de Estados Unidos también se refleja en la percepción de los actores regionales. Benjamin Netanyahu y su gobierno, junto con Hamas, son ahora vistos como los principales destabilizadores del Medio Oriente y de los intereses estadounidenses en la región. Las acciones israelíes, como la destrucción de Gaza, los bombardeos en Líbano, Siria e Irán, y el ataque a Doha, Qatar, han sido percibidos como excesos de arrogancia y una pretensión de ser la potencia egemónica de la región. Este comportamiento ha generado resistencia y oposición en toda la región, donde nadie desea estar bajo la liderazgo de Israel.
La política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump ha mostrado un realismo pragmático, priorizando las transacciones comerciales y los intereses económicos sobre las alianzas tradicionales. Este enfoque ha llevado a una reconfiguración de las relaciones en Medio Oriente, donde Arabia Saudita y otros países del Golfo han ganado prominencia. La visita de MbS a Trump no solo simbolizó este cambio, sino que también puso de manifiesto la importancia de la estabilidad regional para los intereses económicos y políticos de ambos países.
La relación entre Estados Unidos e Israel ha experimentado tensiones significativas en los últimos años. La elección de Trump ha llevado a un cambio en el apoyo bipartidista tradicional a Israel, con los demócratas mostrando cada vez menos apoyo a Netanyahu. Además, el Partido Republicano ha pasado bajo el control de líderes con una ideología más nacionalista y menos filo-israelí. Este cambio se refleja en la creciente influencia de figuras como Tucker Carlson, quien ha defendido la «libertad de expresión» incluso para figuras extremistas como Nick Fuentes, conocido por sus opiniones antisemitas. Este cambio en la dinámica política interna de Estados Unidos también tiene implicaciones para sus relaciones internacionales, especialmente en Medio Oriente.
En resumen, la visita de MbS a Trump marcó un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos, con Arabia Saudita ganando prominencia sobre Israel. Este cambio se basa en una combinación de intereses económicos, militares y políticos, y refleja una reconfiguración de las alianzas y prioridades en Medio Oriente. La estabilidad regional y las oportunidades económicas son ahora factores clave en la política exterior de Estados Unidos, y Arabia Saudita ha emergido como un socio estratégico crucial en esta nueva dinámica.
