
La Política Exterior Feminista (PEF) ha emergido como una respuesta a la persistencia de la desigualdad de género en el ámbito internacional. Desde su adopción por Suecia en 2014, varios países han seguido este modelo, aunque algunos han abandonado la política debido a cambios en sus gobiernos. La PEF se basa en la teoría feminista de las relaciones internacionales, que cuestiona las estructuras de poder tradicionales y promueve una visión más inclusiva y equitativa de las relaciones globales.
La teoría feminista de las relaciones internacionales ha evolucionado significativamente desde la década de 1980, cuando J. Ann Tickner cuestionó el marco de análisis del realismo político. Esta teoría introduce nuevas categorías analíticas como género, patriarcado, sexismo y androcentrismo, que permiten una comprensión más profunda de las dinámicas de poder en el sistema internacional. La PEF se fundamenta en estos principios y busca transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad de género, promoviendo una política exterior que sitúa la perspectiva de género en el centro de sus acciones.
La PEF se caracteriza por su enfoque en la igualdad de género, la defensa de los derechos humanos y la promoción de la paz y la seguridad. Los países que han adoptado esta política lo han hecho de acuerdo con sus contextos y prioridades nacionales, aunque comparten objetivos comunes como la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad, el empoderamiento económico de las mujeres y la lucha contra la violencia de género. La PEF no solo promueve la igualdad jurídica, sino que aspira a lograr una igualdad real y efectiva, lo cual es un desafío significativo dado que ningún país ha alcanzado este objetivo.
Desafíos y debilidades de la PEF
La PEF se enfrenta a varios desafíos en un orden mundial en transformación. La reconfiguración del sistema multilateral y el surgimiento de un orden multipolar han alterado las alianzas tradicionales y debilitado los marcos normativos globales. Además, la igualdad de género ha sido politizada y cuestionada en varios contextos, lo que dificulta la implementación de políticas feministas. La PEF debe operar en un entorno de limitaciones estructurales y dinámicas de poder tradicionales, lo que puede diluir o neutralizar sus objetivos.
A pesar de estos desafíos, la PEF cuenta con fortalezas significativas. La cohesión entre políticas nacionales e internacionales es crucial, ya que la PEF debe ser coherente con los compromisos políticos internos. El apoyo de la sociedad civil es esencial, ya que proporciona conocimiento, praxis y capacidad de movilización. La PEF también ofrece una mayor ambición para promover la agenda de igualdad de género en un contexto de contestación a las políticas y normas de género aprobadas por instituciones multilaterales.
Sin embargo, la PEF enfrenta debilidades, como la fragilidad en la institucionalización dentro de las administraciones públicas y la resistencia interna y externa a la innovación institucional. Las contradicciones entre los principios de la PEF y su implementación concreta, así como la dependencia de liderazgos individuales, también representan desafíos significativos. Además, el contexto global y nacional puede frenar o minar la PEF, operando en un marco de limitaciones estructurales y dinámicas de poder tradicionales.
Fortalezas y estrategias de la PEF
Para garantizar la continuidad de la PEF, es crucial contar con una infraestructura institucional de apoyo en los Ministerios de Asuntos Exteriores. La visión de la igualdad de género como parte integrante de las normas de democracia y modernidad liberal es fundamental. La PEF debe insertarse en el compromiso con el derecho internacional, la defensa de los derechos humanos y la preservación del sistema multilateral. Los desafíos presentes y futuros, como la seguridad nacional y global, el cambio climático, la digitalización y la resiliencia de las democracias, requieren una comprensión de la dimensión de género para ofrecer respuestas más eficaces.
La PEF también puede contribuir a consolidar el perfil internacional de un país y reforzar su liderazgo en foros multilaterales. Países como España, los Países Bajos y Chile han destacado el impacto positivo de esta política en su proyección global. La PEF introduce un lenguaje sobre el género y una “métrica” en las conversaciones de política exterior, impulsando reformas internas en la diplomacia y medidas de paridad de género en los Ministerios de Asuntos Exteriores.
Desafíos futuros y conclusiones
La PEF enfrenta diversos desafíos y está sujeta a presiones en un contexto de visión neorrealista de las relaciones internacionales. La inercia y la resistencia estructural persisten en todas las sociedades, y la transformación social que supone la PEF implica cuestionar dinámicas tradicionales de poder. Su proceso de institucionalización requiere plazos de tiempo que casan mal con los ciclos políticos y electorales. La polarización en torno a las políticas de igualdad y el movimiento “antigénero” frenan su ampliación y ponen en riesgo su continuidad.
Para ser efectiva, la PEF debe contar con estrategias definidas, plazos, asignación de recursos humanos y financieros, actores responsables y formación especializada. La sensibilización y formación en perspectiva de género son esenciales para que quienes implementen esta política comprendan su alcance. La financiación adecuada para su implementación efectiva es crítica para su continuidad. Queda pendiente una extensa labor pedagógica sobre el significado del feminismo y su aportación sustantiva a la política exterior.
La sociedad civil juega un papel clave al ofrecer asesoramiento y acompañamiento en la implementación de la PEF. En España, por ejemplo, se ha creado un consejo asesor de alto nivel que reúne a personas expertas de la academia, organizaciones feministas y representantes de distintos sectores, promoviendo un diálogo constante con la administración.
La PEF representa una innovación en las relaciones internacionales al abrir nuevos escenarios a la política exterior y cuestionar conceptos considerados de carácter universal, pero neutros o ciegos al género. La PEF introduce un lenguaje sobre el género y una “métrica” en las conversaciones de política exterior. Ha impulsado reformas internas en la diplomacia, incluidos objetivos concretos para incrementar la presencia de un mayor número y porcentaje de mujeres en este ámbito que, a su vez, pueden traducirse en contenidos concretos en la política exterior. Ejerce cierta “presión” sobre los Ministerios de Asuntos Exteriores para que sean más operativos, sistemáticos e integradores en su forma de trabajar con la igualdad de género. Ha impulsado medidas de paridad de género para sus propios Ministerios de Asuntos Exteriores y ha incorporado (o comenzado a incorporar) a la política exterior la transversalización de género, adoptada en muchas políticas nacionales, pero que no había llegado a la política exterior tradicional (lo que era una anomalía) y que conlleva una dinámica sistémica.
El papel de la PEF en la política exterior
La PEF actúa como contrapeso a las estrategias “antigénero” en un contexto de contestación a las normas globales de género y a las políticas en favor de los derechos de las mujeres. La PEF tiene el potencial para desempeñar un papel clave a la hora de articular estrategias para el desarrollo sostenible, la agenda climática, la paz y una visión de la seguridad integral. Para ello, es necesario garantizar la integración de la perspectiva de género en la gobernanza global y generar cambios más profundos en las dinámicas de poder internacional. La sociedad civil sigue mostrando capacidad de articular estrategias, movilizar recursos y proponer acciones concretas inspiradas en los principios y agendas feministas.
La colaboración para el éxito de la PEF
El éxito de una PEF depende de la colaboración de diversos actores, incluidas las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado, la academia y los centros de pensamiento. Su capacidad para moldear algunos de los elementos esenciales de la PEF, dotándola de mayor robustez y coherencia, puede contribuir a su continuidad y consolidación.
