
La crisis política en Brasil se ha transformado en un conflicto económico entre Washington y Brasilia, con el Brasil convirtiéndose en el país más tassado del mundo debido a las políticas de Donald Trump. La imposición de dazi del 40% sobre Brasil por parte de Estados Unidos tiene más raíces políticas que comerciales.
Trump ha justificado su postura dura contra Brasilia como una respuesta al clima antidemocrático y a la persecución política que se vive en Brasil. La decisión de Trump se basa en dos figuras centrales de la política brasileña: el ex presidente Jair Bolsonaro y el poderoso juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes.
Trump ha prometido defender a Bolsonaro, incluso a costo de deteriorar las relaciones comerciales entre los dos mayores países de las Américas. Además, Trump ha atacado frontalmente a Moraes, quien ha liderado las investigaciones sobre el proyecto de golpe y ha tomado acciones contra algunas empresas tecnológicas estadounidenses.
La respuesta de Lula da Silva ha sido firme, declarando que Brasil está dispuesto a aplicar la ley de reciprocidad, que implica la imposición de dazi equivalentes. En una entrevista, Lula expresó su sorpresa por la actitud de Trump, afirmando que sus acciones no siguen las reglas y estándares de cualquier negociación comercial o diplomática.
Los nuevos dazi preocupan especialmente porque afectan sectores clave de la economía brasileña, como la industria y el agrobusiness. Productos brasileños como el café, el jugo de naranja, la carne, los minerales y el petróleo crudo son exportados en gran cantidad a Estados Unidos. En estados como São Paulo y Minas Gerais, las exportaciones a Estados Unidos representan el 20% del total, y en algunas regiones del Nordeste, esta cifra llega al 40%.
Dos aspectos sorprenden en esta situación: la razón política detrás de la decisión de Trump y la falta de negociación entre las partes, a diferencia de lo que han hecho otros países. Desde 2009, la balanza comercial entre los dos países ha sido favorable a Estados Unidos, con un acumulado de 90 mil millones de dólares en 15 años. Brasil es el noveno país de destino de productos estadounidenses, mientras que Estados Unidos es la segunda destinación de productos brasileños, después de China.
En medio de esta crisis, un motivo de alivio es la exclusión del sector aeronautico de los dazi, lo que salva a Embraer, el gigante brasileño de la producción de aviones, que tiene numerosos clientes americanos tanto en la aviación comercial como en la privada.
El juez Moraes también ha sido objeto de sanciones bajo la ley Magnitsky, aprobada por el parlamento estadounidense.
Esta ley prohíbe cualquier relación con entidades financieras americanas, lo que implica que Moraes no podrá tener una tarjeta de crédito con bandera americana ni operar con bancos presentes en Estados Unidos. Además, ya le había sido retirado el visto y se le consideraba persona non grata por la Casa Blanca. En el triángulo de tensiones entre Lula, Trump y Bolsonaro, el conflicto entre Brasilia y Washington parece destinado a prolongarse.
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