
El G20 se reúne en Johannesburgo por primera vez en el continente africano, pero el boicot de Trump y la próxima presidencia de los Estados Unidos proyectan sombras sobre su futuro. Los líderes de las principales economías mundiales están llegando a Johannesburgo para el cumbre del G20, programada para el 22 y 23 de noviembre. Fundado en 1999, el Grupo de las 20 principales economías (G20) incluye a 19 países y dos organismos regionales: la Unión Europea (UE) y la Unión Africana (UA). Este año, la presidencia de turno está en manos de Sudáfrica, el único Estado miembro del continente, y será la primera vez que la cumbre se llevará a cabo en África. El tema de la edición es «Solidaridad, Igualdad, Sostenibilidad». Pretoria ha encargado a un equipo de expertos analizar «la emergencia de la desigualdad» global y proponer soluciones. Este tema es central para un país que la Banca Mundial define como «el más desigual del mundo». El momento es crítico: la necesidad de cooperar dejando de lado las divisiones para superar las desafíos globales está en cuestión, especialmente por parte de los Estados Unidos.
Washington ha informado a los otros miembros del G20 que boicoteará el evento. Desde que regresó a la Casa Blanca, Trump ha atacado duramente a Sudáfrica sobre la base de acusaciones infundadas sobre un «genocidio de blancos» en curso en el país y ha impuesto a Pretoria aranceles aduaneros del 30%, los más altos de África subsahariana. Un boicot por parte de los Estados Unidos podría minar la agenda de Sudáfrica, comprometiendo la adopción de un documento final conjunto. Sin embargo, Pretoria ha afirmado que la ausencia de la primera economía del mundo representa una «perdida», pero sigue esperando en un cumbre exitosa.
La parcial marcha atrás de Trump
Después de haber declarado repetidamente que ningún funcionario estadounidense participaría en la reunión y haber definido la presidencia de Sudáfrica como «una vergüenza total», Trump parece haber hecho una parcial marcha atrás. El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa ha informado de haber recibido de los EE. UU. una comunicación «en relación con un cambio de idea sobre la participación en una forma u otra en la cumbre». Poco después, la Casa Blanca declaró que la administración preveía enviar a su embajador interino en Sudáfrica, Marc Dillard, «pero solo para participar en una ceremonia al final de la cumbre». Dillard recibirá «ese saludo al final del evento» pero «no participará en las reuniones oficiales».
El retiro estadounidense y sus consecuencias
El retiro estadounidense ha sorprendido a las delegaciones de los países miembros: no solo porque es la primera vez que un país miembro boicotea el evento, sino también porque los Estados Unidos son los próximos a detener la presidencia de turno del grupo, que Trump será llamado a albergar en 2026. El boicot estadounidense ha desestabilizado los negocios pre-cumbre y ha minado puntos ya frágiles de posible convergencia sobre temas como el cambio climático y la guerra en Ucrania. Para los líderes europeos que temen que el presidente de los Estados Unidos esté abandonando el multilateralismo y la gestión compartida de numerosos dossier internacionales, las sillas vacías de la delegación estadounidense serán un espectáculo particularmente doloroso.
La agenda sudafricana y los desafíos
La ausencia de Washington podría minar la agenda sudafricana, que incluye la preparación para los desastres causados por el clima, el endeudamiento sostenible para las naciones de bajos ingresos, el financiamiento de las transiciones energéticas y la garantía de que la carrera por la compra de minerales esenciales beneficie a los productores. Pretoria busca incluir en el documento final referencias claras a las desigualdades globales y al peso del endeudamiento africano. Muchas delegaciones han acogido con agrado el informe presentado en estos días, pero no habrá un acuerdo sobre compromisos concretos.
La sensación en Johannesburgo
La sensación en Johannesburgo es que se ha perdido una oportunidad, justo cuando el viento está a punto de cambiar: Sudáfrica cederá el G20 a los Estados Unidos, marcando el final de un ciclo de cuatro presidencias del «Sur del mundo», después de las de Brasil, India e Indonesia, que buscaron poner en la cima de la agenda temas y dossier cruciales para los países en desarrollo. Trump, por otro lado, ya ha declarado que quiere reducir radicalmente la plataforma, afirmando que el G20 se ha convertido en «essencialmente el G100» y ha prometido que los encuentros bajo la presidencia de EE. UU. serán «más concentrados».
La cumbre de Johannesburgo y sus posibles consecuencias
A menos que haya sorpresas, la cumbre de Johannesburgo no logrará el objetivo que Sudáfrica se había fijado: demostrar que el multilateralismo está vivo y que, trabajando juntos, los Estados miembros pueden resolver problemas globales. El retiro de figuras destacadas de la política internacional como Xi Jinping, Vladimir Putin y Donald Trump hace que la cumbre sea un «G20 menos 3». En esta situación, es inútil hacerse ilusiones: del G20 sudafricano podrían surgir varios «compromisos» pero con baja ambición. Sin embargo, es bueno que el G20 se celebre. Sin los esfuerzos del multilateralismo, incluso si está debilitado, la lógica de la potencia se reforzaría aún más.
