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Análisis de la Cumbre UE-CELAC: Logros y Desafíos

La IV Cumbre UE-CELAC en Santa Marta discute la fragmentación geopolítica y conflictivas relaciones entre presidentes. EEUU y China enfrentados impactan a América Latina. Trump se relaciona con líderes de derecha y centroderecha. La UE promueve multilateralismo y derechos
Los mapas e imágenes muestran divisiones regionales y luchas por el poder a nivel global.

La IV Cumbre UE-CELAC, celebrada el 9 de noviembre de 2025 en Santa Marta, Colombia, se enmarca entre la X Cumbre de las Américas, programada para diciembre de 2025 en Punta Cana (República Dominicana) pero retrasada a 2026, y la XXX Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar en Madrid en noviembre de 2026. Esta cumbre refleja la coyuntura geopolítica regional, marcada por la fragmentación y las tensas relaciones personales entre muchos presidentes. América Latina, al igual que el resto del mundo, enfrenta el enfrentamiento entre Estados Unidos (EEUU) y China, además del esfuerzo de la Unión Europea (UE) por fortalecer la relación birregional euro-latinoamericana. Este contexto ha llevado a un reordenamiento de los equilibrios regionales y en otros foros internacionales como el G20 y los BRICS.

La suspensión de la Cumbre de las Américas, anunciada por el país anfitrión, se justificó por la tensión prebélica en el Caribe. Aunque explicable, esta suspensión beneficia a la Administración Trump, que prefiere reuniones bilaterales donde puede desplegar estrategias unilaterales y ejercer su influencia financiera y económica. En reuniones colectivas, Trump podría enfrentar críticas de países contrarios al intervencionismo, no solo de Cuba, Venezuela y Nicaragua, sino también de Brasil, México y Colombia, especialmente la última, que discrepa de su estrategia en el Caribe.

La estrategia de Trump en América Latina

Donald Trump, inicialmente desinteresado por América Latina, ha dedicado una parte considerable de sus esfuerzos al hemisferio, más allá de las agendas migratoria y de lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Su posición se ha visto reforzada por el voto de castigo a ciertos gobiernos de izquierda y el triunfo electoral de candidatos de derecha. En su agenda hemisférica destacan el rescate financiero a Argentina y la ayuda para paliar el déficit de combustibles en Bolivia. Milei ha reforzado el vínculo con Washington más que sus predecesores, alineándose con Trump y rechazando participar en la cumbre del G20 en Johannesburgo.

El estilo de Trump se refleja en su relación con Lula da Silva. Tras un fuerte enfrentamiento con Brasil, con subidas en los aranceles del 50%, optó por negociar desde una posición de fuerza, un diálogo que Lula aceptó. Esto propició un acercamiento entre los dos países y el descenso de los aranceles al café. Los apoyos a Trump han aumentado con las victorias de candidatos pro-EEUU, como la reelección de Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia. La llegada de Paz es significativa porque pone fin a 20 años de discursos antiimperialistas del Movimiento al Socialismo (MAS), dirigido por Evo Morales. Bolivia se abrió a colaborar con diferentes agencias internacionales, como la Administración de Control de Drogas (DEA) estadounidense, y durante su visita a EEUU, Paz logró el apoyo del Fondo Monetario Internacional (FMI) materializado en un respaldo de 1.400 millones de dólares, clave para remontar la crisis financiera en que está sumido el país.

La respuesta de la UE

Frente al unilateralismo de Trump, la UE apuesta por una relación birregional institucionalizada, en pie de igualdad y defensora de las reglas y del libre comercio. La apuesta es por el multilateralismo, el crecimiento mutuo, con desarrollo, innovación, respeto a los derechos humanos y al equilibrio medioambiental. La cita en Santa Marta confirma la importancia del organizador de la cumbre y, especialmente, de su lugar de realización. Esto se vio en la Cumbre UE-CELAC en Bruselas en 2023 o, en sentido contrario, en la Cumbre Iberoamericana de 2024 en Cuenca (Ecuador). La cuestión de la deficiente infraestructura se repitió en Santa Marta, lo que agravó el problema de la participación. De hecho, desde el punto de vista de la participación, la Cumbre de Santa Marta, a la que asistieron sólo 13 de los 60 jefes de Estado y Gobierno, se salvó gracias a la presencia de Lula da Silva y de Pedro Sánchez.

La declaración final de la Cumbre

Una muestra del arduo trabajo previo que acompañó a esta Cumbre, señal del interés de las partes, fue la declaración final de 52 puntos firmada por 58 de los 60 países participantes, aunque otros, como Argentina, expresaron sus reservas sobre algunos puntos. Se da la circunstancia añadida de que tanto en la Cumbre UE-CELAC como en la Iberoamericana no hay exclusiones de ningún tipo, ni siquiera por motivos políticos o ideológicos. Los dos países que no firmaron la Declaración final fueron Nicaragua, previsto desde el comienzo, y Venezuela. Caracas se descolgó en el último momento, tanto por la mención a Ucrania como por su deseo de una condena explícita de las maniobras militares de EEUU en el Caribe, rechazado por Bruselas y algunos gobiernos de América Latina (Argentina, Ecuador, El Salvador y Paraguay, entre otros). Cuba, con una diplomacia realista y una estrategia de mayor alcance basada en el pragmatismo, firmó la declaración como un gesto de acercamiento a Bruselas, tal como había hecho en la Cumbre anterior.

La declaración firmada abordó temas geopolíticos (el compromiso para disminuir los efectos del cambio climático y la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y referencias a la guerra en Gaza y en Ucrania) y económicos (defensa del multilateralismo comercial). También se alude a la lucha contra el crimen organizado y a la seguridad ciudadana, a la innovación (transformación digital), la equidad social (educación, migración, sistemas de cuidados y seguridad alimentaria) y la cultura. Esa declaración, ambiciosa y de consenso, tuvo diversas objeciones y muestra una región dividida entre países críticos con EEUU y otros cercanos a Trump.

Los más próximos a la Casa Blanca (Argentina, Paraguay, Ecuador, Costa Rica, El Salvador, Panamá y Trinidad y Tobago) no se adhirieron al párrafo 10, que abordaba la “Zona de Paz” en la región y hacía alusiones indirectas a la situación en el Caribe y el Pacífico. Unos lo vieron ambiguo y otros -los siete citados- crítico con EEUU. Tampoco Argentina, Ecuador, Panamá y Paraguay apoyaron el punto 15, que condenaba los atentados de Hamás y la respuesta desproporcionada de Israel en Gaza, y el 18 sobre la condena al embargo de Cuba. En el caso de Argentina y Paraguay también hubo una postura ideológica de rechazo a la Agenda 2030.

La importancia de la relación birregional

En medio de la pugna entre EEUU y China, la UE debe insistir en su interés hacia la región y en las ventajas que podría aportar la relación birregional ante el poderío económico chino y el músculo financiero y militar estadounidense. De ahí la importancia de cerrar finalmente el Tratado de Asociación UE-Mercosur, lo que hubiera enviado un fuerte mensaje del interés de Bruselas en América Latina. Esto podría haberse producido de no existir resistencias proteccionistas en países como Francia, Austria y Polonia, centrados más en cuestiones sectoriales que en una visión a largo plazo y desde una perspectiva más global.

El papel de la UE en América Latina

Pese al tajante rechazo de Emmanuel Macron, resulta probable que el anuncio se haga en breve. Esto podría ocurrir a fines de diciembre en la Cumbre del Mercosur en Brasilia, según Lula, aunque en Bruselas son más prudentes. También es vital cerrar la modernización del acuerdo con México y dar un giro a la iniciativa del Global Gateway y los proyectos asociados. La invasión de Ucrania, la guerra comercial de Trump y la mayor presencia china han funcionado como un incentivo para que los países europeos menos orientados hacia América Latina replanteen su postura, incluso en lo relativo al aumento del comercio birregional.

El Global Gateway y la cooperación birregional

El presidente del Consejo Europeo habló de un nuevo impulso del Global Gateway. Tras movilizar 31.000 millones de euros, se trata de ofrecer un nuevo paquete de proyectos hacia áreas como las infraestructuras, que tienen grandes déficits en América Latina y se reflejan en la baja productividad regional. Entre las propuestas sobresale la extensión del programa de cable Bella a América Central y Perú, la integración de las redes eléctricas de América Latina y el Caribe, y una mayor conectividad digital vía satélite para ampliar la cobertura de Internet.

La cooperación birregional en seguridad y salud

La UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) se comprometieron a reforzar la alianza birregional con una cooperación más intensa en seguridad, salud y lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, intensificando el diálogo policial y judicial. Todo ello en la búsqueda “del pleno cumplimiento del derecho internacional”.

El futuro de la relación birregional

El mensaje de esta cumbre para citas futuras, como la de Madrid de 2026, pasa por empoderar a los países latinoamericanos, especialmente a los más relevantes, y asumir los proyectos tanto euro-latinoamericano como el iberoamericano. Sin ello, el alcance de las iniciativas europeas y españolas sería mucho más limitado. De ahí la necesidad de incorporar a la agenda de las Cumbres temas sensibles para las sociedades de ambos lados del Atlántico, como la inseguridad ciudadana, las migraciones, el crecimiento económico, el coste de la vida y la reducida inversión en capital físico y humano.

La UE como alternativa creíble

Europa afronta el reto de ser una alternativa creíble ante la pugna entre China y EEUU. Su protagonismo y proyección pasan por consolidar la relación birregional con América Latina.

La bandera de la UE junto a símbolos de cooperación multilateral y acciones unilaterales.