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Desbloqueando el Enigma de las Reservas Rusas

Los fondos rusos congelados son una herramienta económica clave en las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, principalmente en países europeos. La UE y EE.UU. buscan gestionarlos para influir en Rusia, generando tensiones y decisiones cruciales para la
Un mapa de Europa con símbolos financieros y diplomáticos.

Alrededor de 300 mil millones de euros están congelados desde 2022 en los cuentas de bancos centrales e instituciones internacionales. Estos fondos, congelados después de la invasión rusa de Ucrania, representan una de las pocas herramientas económicas reales en manos del Occidente, especialmente en Europa. Casi el 70% de estas recursos se encuentra en países de la Unión Europea, principalmente en Bélgica, donde la sociedad Euroclear custodia alrededor de 180 mil millones de euros. Este desequilibrio geográfico transforma el tema en una partida toda europea, mientras que Estados Unidos y Rusia tratan de mover el equilibrio.

La Unión Europea está buscando un acuerdo interno desde hace más de un año. Las soluciones propuestas varían desde el cobro de intereses acumulados, alrededor de 3 mil millones de euros al año, ya destinados en parte a Kiev, hasta la confiscación directa de los capitales. Sin embargo, el nudo principal sigue siendo: la UE quiere mantener el control de los fondos, evitando un precedente jurídico que podría cuestionar la fiabilidad del mercado europeo de capitales. La ventana política para un acuerdo se está restringiendo.

A complicar el cuadro están los Estados Unidos, que quieren entrar en la gestión de los fondos para usarlos como moneda de cambio en un eventual acuerdo con Moscú. La idea es utilizar parte de las reservas congeladas para un futuro plan de reconstrucción de Ucrania a guía estadounidense, a la que iría el 50% de los beneficios, y ofrecer la restante cuota a Rusia para una alianza económica entre Moscú y Washington. Este escenario crea un paradoja evidente: la mayor parte de los recursos está en Europa, pero Washington quiere tener un papel central en su uso. Moscú, aunque cuestiona la legitimidad del congelamiento, considera esos fondos parte integrante del acuerdo y sin un movimiento en este frente, difícilmente el Kremlin aceptará compromisos.

El dossier asume un valor simbólico y concreto al mismo tiempo: es una de las pocas herramientas no militares que pueden influir en la posición rusa y una de las pocas que la Unión Europea puede ejercer en autonomía respecto a la OTAN. Sin embargo, la Europa no ha decidido aún cómo utilizarla. Los Estados miembros están divididos entre quienes apuntan a un uso más agresivo, como los Estados bálticos, y quienes temen las consecuencias legales y diplomáticas de una confiscación total, como Alemania, Italia y Francia. Incluso la propuesta de emitir títulos europeos con garantía sobre los fondos, una especie de «Eurobono ligado a los activos rusos», no ha encontrado consenso por ahora.

En los negocios recientes, el tema ha vuelto a ser central. Sin una posición común, la Europa corre el riesgo de presentarse al tablero con las manos atadas, dejando a los Estados Unidos el trabajo de decidir cuándo y cómo usar esos alrededor de 300 mil millones que la UE ha congelado al estallar la guerra en 2022. Precisamente cuando Ucrania necesita certezas sobre los apoyos de los próximos años, con o sin guerra. Si el conflicto continúa, Kiev necesitaría poco menos de 140 mil millones de euros para financiar el ejército y la maquinaria estatal en los próximos dos años. Sin los fondos rusos y sin apoyo financiero estadounidense, la UE tendría que abrir los portafolios de los Estados nacionales para alcanzar esa cifra.

A complicar aún más el cuadro está el préstamo a Ucrania de 45 mil millones de euros por parte de los países del G7 decidido en 2024. Estos fondos están garantizados precisamente por los beneficios de los activos rusos. Si se desvanecieran, Kiev se vería obligada a pagar capital e intereses, o más probablemente los acreedores no volverían a ver sus fondos.

La apuesta va más allá del destino de los fondos. Es la capacidad de la Unión Europea de ser un actor geopolítico autónomo, especialmente en el momento en que se discute el futuro de la seguridad continental. Los 300 mil millones congelados no bastarían por sí mismos para cerrar la guerra, pero podrían hacer la diferencia entre un negociado gestionado por la Europa y uno eterodirigido por otros.

A complicar el cuadro están los Estados Unidos, que quieren entrar en la gestión de los fondos para usarlos como moneda de cambio en un eventual acuerdo con Moscú. La idea es utilizar parte de las recursos congelados para un futuro plan de reconstrucción de Ucrania a la guía estadounidense, a la que iría el 50% de los beneficios, y ofrecer la cuota restante a Rusia para una asociación económica entre Moscú y Washington. Este escenario crea un paradoja evidente: la mayor parte de los recursos está en Europa, pero Washington quiere tener un papel central en su uso. Moscú, pese a cuestionar la legitimidad del congelamiento, considera esos fondos parte integral del negociado y sin un movimiento en este frente, difícilmente el Kremlin aceptará compromisos.

El papel de la Unión Europea

El dossier asume un valor simbólico y concreto al mismo tiempo: es una de las pocas herramientas no militares que pueden influir en la posición rusa y una de las pocas que la Unión Europea puede ejercer en autonomía respecto a la OTAN. Sin embargo, Europa no ha decidido aún cómo utilizarla. Los Estados miembros están divididos entre aquellos que empujan por un uso más agresivo, como los Estados bálticos, y aquellos que temen las consecuencias legales y diplomáticas de una confiscación total, como Alemania, Italia y Francia. Incluso la propuesta de emitir títulos europeos con garantía sobre los fondos, una especie de «Eurobono ligado a los activos rusos», no ha encontrado consenso hasta ahora.

El riesgo de presentarse con las manos atadas

En los negociados recientes, el tema ha vuelto a ser central. Sin una posición común, Europa corre el riesgo de presentarse en la mesa con las manos atadas, dejando a Estados Unidos el trabajo de decidir cuándo y cómo usar esos alrededor de 300 mil millones de euros que la UE ha congelado al estallar la guerra en 2022. Justamente cuando Ucrania necesita certezas sobre los auxilios de los próximos años, con o sin guerra. Si el conflicto continuara, Kiev necesitaría poco menos de 140 mil millones de euros para financiar el ejército y la máquina estatal en los próximos dos años.

El préstamo a Ucrania y la garantía de los activos rusos

Sin los fondos rusos y sin apoyo financiero estadounidense, la UE tendría que abrir los portafolios de los Estados nacionales para alcanzar tal cifra. A complicar aún más el cuadro está el préstamo a Ucrania de 45 mil millones de euros por parte de los países del G7 decidido en 2024. Estos fondos están garantizados precisamente por los beneficios de los activos rusos. Si faltaran, Kiev se encontraría obligada a pagar capital e intereses, o más probablemente los acreedores no volverían a ver sus propios fondos.

La apuesta por la autonomía de la Unión Europea

La apuesta va más allá del destino de los fondos. Es la capacidad de la Unión Europea de ser un actor geopolítico autónomo, especialmente en el momento en que se discute el futuro de la seguridad continental. Los 300 mil millones congelados no bastarán por sí mismos para cerrar la guerra, pero podrían hacer la diferencia entre un negociado gestionado por Europa y uno eterodirigido por otros.

Un mapa de Europa con las posiciones de los estados miembros de la UE marcadas.