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Invertir en una Industria Europea Digital y Sostenible.

Europa debe invertir en una industria digital y limpia para asegurar su seguridad económica y geopolítica. La integración de tecnologías digitales en la infraestructura energética es crucial. La alta dependencia de suministros externos en energía y tecnología plantea desafíos
Un mapa de Europa con inversiones en tecnología verde destacadas.

La narrativa europea ha evolucionado hacia un enfoque estratégico en «tecnologías digitales» y «tecnologías limpias», operativizado en sus pilares industriales y geopolíticos. Este cambio refleja la creciente importancia de la disputa tecnológica como eje de seguridad económica, autonomía estratégica y resiliencia industrial. La interacción entre energía, defensa y digitalización, junto con el uso de tecnologías de doble propósito, ha llevado a Europa a un período decisivo donde la política industrial es un imperativo económico y geopolítico.

La narrativa previa se centraba en objetivos climáticos y digitalización como transformaciones paralelas. Sin embargo, la situación geopolítica actual ha llevado a un discurso orientado a capacidades industriales concretas, como la fabricación de chips, inteligencia artificial (IA), cloud edge, almacenamiento energético, redes inteligentes, nuclear y tecnologías renovables como la geotermia y el hidrógeno.

Las redes eléctricas requieren una integración de tecnologías digitales, como la IA y el cloud, para superar barreras actuales y optimizar la eficiencia económica del tejido eléctrico comunitario. La seguridad económica europea depende tanto de la infraestructura energética como de las infraestructuras digitales, ambas sujetas a riesgos de coerción externa, interrupciones en la cadena logística y de suministro, y volatilidad geoeconómica.

La vulnerabilidad energética europea persiste, con precios del gas al por mayor casi el doble de los niveles pre-COVID y tres veces más caros que en Estados Unidos. La industria electro-intensiva en Europa enfrenta costes energéticos significativamente más altos que en EEUU y China. La factura total de importación de hidrocarburos alcanzó los 315.000 millones de euros en 2024. Las diferencias en ayudas de Estado entre países europeos generan distorsiones en el mercado interior, dificultando su integración.

Los altos costes energéticos limitan la capacidad de los países europeos para competir en tecnologías intensivas en energía, como la computación cuántica y los centros de datos, donde el coste eléctrico representa aproximadamente el 50% del coste total. La energía nuclear, con su suministro estable y despliegue a gran escala, es crucial para desarrollar macroproyectos de IA. Sin embargo, la conexión de centros de datos a la red eléctrica es un cuello de botella, con plazos de permisos y construcción de líneas de alta tensión que pueden alargar hasta cinco años la puesta en marcha.

La industria europea de automoción, que depende de 14 millones de empleos directa e indirectamente, enfrenta una crisis existencial. Europa no ha logrado equipararse a China en la fabricación de baterías, y aunque lo hiciera, el coste final del vehículo eléctrico seguiría siendo entre un 30% y un 50% más alto debido a los costes energéticos. La transición energética genera nuevas dependencias de minerales críticos, como el cobalto, litio y tierras raras, dominados por terceros países.

En el ámbito digital, Europa produce apenas un 10% de los semiconductores mundiales y carece de capacidad industrial por debajo de 10 nm. El mercado cloud europeo está dominado por proveedores estadounidenses, que concentran alrededor de dos tercios del mercado. En tecnologías críticas, más del 85% del liderazgo global lo tienen EEUU y China. Europa conserva ventajas en cuellos de botella como las impresoras de litografía de ASML para la industria de semiconductores, pero carece de escala industrial en muchos otros nodos esenciales.

Un nuevo enfoque para la política industrial europea

Este doble desequilibrio requiere una nueva arquitectura de política industrial europea: asegurar capacidad de fabricación, reducir dependencias de alto riesgo y acelerar la madurez de tecnologías emergentes que son digitales y limpias a la vez.

El Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034

El MFP 2028-2034 consolidará este cambio de narrativa estratégica con una operatividad concreta y novedosa. Reduce programas de 52 a 16, aumenta el porcentaje de objetivo climático del 30% al 35% y amplía el alcance de nuevos «recursos propios», incluyendo uno basado en los residuos electrónicos no recogidos. Centraliza instrumentos y estructura la inversión pública en torno a cuatro grandes oportunidades de inversión bajo el paraguas de un nuevo Fondo Europeo de Competitividad (ECF): transición limpia y descarbonización industrial, salud, biotecnología, agricultura y bioeconomía, tecnologías digitales, y resiliencia, industria de defensa y espacio.

Del total de 234.000 millones de euros previstos para el ECF, 125.000 millones se destinarían al capítulo de industria de defensa y espacio, 51.500 millones a tecnologías digitales, 26.200 millones a transición limpia y descarbonización industrial, y 20.300 millones a salud, biotecnologías, agricultura y bioeconomía. Evitar que estas áreas evolucionen en compartimentos estancos requiere más que un marco de gobernanza de «ventanilla única».

La integración del enfoque de uso dual en la propuesta de Horizonte Europa

La integración del enfoque de uso dual en la propuesta de Horizonte Europa bajo el MFP 2028-2034 debe priorizar que la I+D en tecnologías digitales y limpias sea de origen eminentemente civil, con consideraciones de uso dual o militar como aplicaciones posteriores. Esto es crucial para evitar desequilibrios en la oferta y la demanda, exceso de stock no utilizable y dificultades de sostenibilidad financiera para empresas centradas en aplicaciones militares que combinen tecnologías digitales y limpias, como el transporte militar.

La propuesta del ECF

La propuesta del ECF manifiesta una «preferencia europea», proponiendo criterios de manufactura local, garantizando que no transfieran operaciones, resultados ni derechos asociados a países no elegibles durante el proyecto y hasta cinco años después, empleando suministros y componentes procedentes de países elegibles y manteniendo un control sobre los resultados.

La computación de alto rendimiento es clave para diseñar redes energéticas, optimizar la producción de hidrógeno y gestionar sistemas eléctricos con alta penetración renovable. Las fábricas de baterías, los electrolizadores y los nuevos materiales requieren automatización avanzada, sensores, IA y cloud-edge. La infraestructura digital solo puede expandirse si dispone de energía competitiva, renovable y estable.

Requisitos para una financiación europea integrada

Para una financiación europea integrada en tecnologías digitales y limpias, se deben crear «proyectos integrados» obligatorios en el ECF que combinen tecnologías digitales y energía, como gemelos digitales energéticos, IA para manufactura verde, electrificación inteligente, digitalización de cadenas de suministro limpias y computación de alto rendimiento para diseño de materiales y simulación climática. Se debe establecer un porcentaje mínimo de inversión cruzada, por ejemplo, con una ratio del 15-20% por programa, garantizando que cada euro en digital tenga efecto en tecnologías limpias y viceversa.

Importancia de la alineación regulatoria

Además, es crucial alinear los marcos regulatorios, como los Chips Act, Data Act, NZIA, Critical Raw Materials Act y Clean Industrial Deal, para evitar cuellos de botella normativos entre tecnologías digitales y energía.

Un enfoque integrado para Europa

Europa entra en un período decisivo donde la política industrial es un imperativo de asertividad económica y geopolítica. El MFP 2028-2034 debe consolidar un enfoque integrado en tecnologías digitales y limpias, ya que ninguna de ellas puede desplegarse plenamente sin la otra. La competitividad futura de Europa y su autonomía estratégica dependerán de su capacidad para financiar, coordinar y escalar tecnologías que simultáneamente descarbonicen, digitalicen y refuercen la seguridad del continente.

Los gráficos y mapas ilustran los desafíos energéticos industriales de Europa.