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Ucrania: El Foco de la Competencia entre Rusia y EE.UU. en Europa

El Consejo Europeo de los próximos dos días será crucial para el futuro de Ucrania y la resistencia de Europa a las presiones de la administración Trump. Se busca finalizar un préstamo garantizado con activos rusos congelados para apoyar
Banderas de la Unión Europea junto a banderas ucranianas y suministros de ayuda.

El Consejo de la UE de los próximos dos días se anuncia crucial: las decisiones que se tomarán influirán tanto en el futuro de Ucrania como en la capacidad de Europa para resistir a las presiones de la administración Trump. Los jefes de Estado y de gobierno europeos se reunirán en Bruselas para un Consejo europeo decisivo para el destino de Ucrania. La Unión Europea está llamada a concluir la propuesta de un préstamo garantizado por los bienes rusos congelados, destinado a apoyar las finanzas y la capacidad defensiva de Kiev contra los continuos ataques de Moscú. Sin estos fondos, Ucrania no tendrá los medios para pagar salarios y comprar armas a finales de marzo de 2026.

La apuesta es extremadamente alta. La capacidad de acción de la Unión Europea estará gravemente comprometida si no logra aprobar el préstamo sobre los bienes congelados. Este fracaso mostraría al mundo que Europa es incapaz de permanecer unida y actuar para defender su orden político en un momento crucial de su historia.

En el plano militar, las perspectivas siguen siendo sombrías. Moscú ha excluido cualquier tregua, incluso temporal. El portavoz del Kremlin ha declarado que Rusia quiere la paz, pero no una pausa que permita a Ucrania reorganizarse y continuar la guerra. Además, ha cuestionado la utilidad del compromiso europeo en los negocios, sosteniendo que la participación de la UE no promete resultados aceptables para Moscú. Rusia ha reiterado su rechazo a cualquier presencia de la OTAN en el territorio ucraniano, incluso bajo forma de garantías de seguridad.

La ruta hacia la paz

La ruta hacia la paz pasa por tres puntos principales: la cuestión de los territorios, el alto el fuego y las garantías de seguridad. En cuanto a los territorios, la distancia entre las posiciones de Moscú y Kiev parece insuperable. Moscú quiere conquistar más territorios de los que ya ha obtenido con las armas, mientras que Ucrania no está dispuesta a ceder, especialmente la llamada «cinturón de fortalezas», una línea defensiva esencial para proteger a Kiev de futuras agresiones.

También en el alto el fuego las posiciones están distantes: Kiev lo quiere de inmediato sobre la base de la línea del frente actual, mientras que Rusia no quiere conceder ninguna tregua al ejército ucraniano bajo presión, continuando a combatir hasta el logro de un acuerdo global.

Tercer punto: las garantías de seguridad son imprescindibles para Ucrania, que pide una aseguración militar en caso de ataque. En ausencia del ingreso de la OTAN y el despliegue de fuerzas internacionales en el terreno, estadounidenses y europeos han encontrado una fórmula que contempla el compromiso directo de fuerzas aliadas en caso de ataque. Una «OTAN fuera de la OTAN», en fin, pero a la que le falta ese «un ataque contra Ucrania es un ataque contra todos» que está en el corazón de la Alianza atlántica.

Si en los negocios entre Ucrania, Estados Unidos y funcionarios europeos, concluidos recientemente, han llevado algunos avances en las garantías de seguridad, lo mismo no se puede decir sobre la cuestión territorial. El plan de Estados Unidos prevé que Ucrania se retire de aproximadamente el 14% de la región del Donbass bajo su control, pero reclamado por Rusia. En la última versión, esta área se convertiría en una «zona económica libre» desmilitarizada.

El presidente ucraniano ha expresado dudas sobre el hecho de que Rusia no avanzaría ulteriormente una vez retiradas las tropas ucranianas, y ha afirmado que solo el pueblo ucraniano podrá aceptar concesiones territoriales a través de un referéndum.

Funcionarios estadounidenses han afirmado que corresponderá a Ucrania decidir cómo gestionar la cuestión territorial. Sin embargo, han agregado que el resto de la oferta estadounidense, incluidas las garantías de seguridad, no permanecerá en la mesa para siempre, dejando entender que podría ser solo temporal.

La presión de Washington

Mientras Washington negocia con europeos y ucranianos para obtener concesiones para llevar al tablero de los negocios con Rusia, está ejerciendo presiones sobre las capitales europeas para que voten en contra del uso de los bienes rusos congelados para financiar la defensa de Kiev. Según una versión de plan de paz filtrada y negociada entre Casa Blanca y Kremlin, Washington planea utilizar parte de esos bienes para financiar la máquina de reconstrucción de Ucrania, dirigida por Estados Unidos.

Los funcionarios de la administración Trump han ejercido presiones sobre los gobiernos europeos, al menos aquellos considerados más cercanos, para que rechacen el plan de utilizar 210 mil millones de euros de activos rusos para financiar a Ucrania. Esta cuestión, sobre la que el Bélgica, que detiene en su territorio la mayor parte de esos activos y que teme represalias por parte de Moscú, será el centro de las discusiones en el Consejo Europeo.

Un fracaso sería no solo una catástrofe para la credibilidad de la UE, sino que comprometería irremediablemente la posición de Kiev en el tablero de los negocios.

La posición de Moscú

Moscú declara que está ganando, pero el ritmo de la avanzada rusa es incompatible con las ambiciones territoriales declaradas. A los logros actuales, se necesitarían años para conquistar las áreas reclamadas. Esta desproporción entre objetivos políticos y capacidad militar no ha producido hasta ahora un cambio de estrategia. El Kremlin sigue apuntando al factor tiempo, manteniendo tanto la opción militar como las demandas maximalistas y la cerrazón hacia la hipótesis de tropas extranjeras en Ucrania.

En este contexto, el resultado de la guerra depende menos de los medios que de las decisiones políticas europeas y estadounidenses: cuánto presionará Trump por una «paz a cualquier precio» y cuántas recursos estará dispuesta a gastar la UE por una «paz justa».

Un mapa dividido de Ucrania con banderas e imágenes de conflicto.