
El presidente Joe Biden habló a la nación, revelando la urgencia de detener la pérdida de consenso, especialmente en el terreno económico. Durante su discurso, pronunciado en la Diplomatic Reception Room de la Casa Blanca, el presidente abordó varios temas, entre ellos inmigración, aranceles, Ucrania y precio de las huevas, saltando de un tema a otro en un intervento de veinte minutos a un ritmo apretado. El presidente comenzó afirmando que había heredado un desastre económico y estaba comprometido a resolverlo. Criticó a su predecesor, sosteniendo que América necesitaba un nuevo presidente en lugar de nuevas leyes. El presidente reclamó logros sin precedentes, entre ellos la derrota de los narcotraficantes, la limitación de la inmigración y el fin de ocho guerras, trayendo la paz al Medio Oriente. Sin embargo, el foco principal del discurso fue la economía, con el presidente que declaró que la inflación estaba en mínimos históricos y el número de puestos de trabajo estaba en máximos. Prometió nuevos recortes de tasas de interés y la creación de un «dividend de guerrero», un bono de 1.776 dólares para los militares, con los cheques ya enviados y en camino para Navidad. El presidente sostuvo que, bajo su administración, el país estaba prosperando.
Sin embargo, los datos económicos reales no respaldan las afirmaciones del presidente. La inflación en septiembre volvió al 3%, como en enero de 2025, y la desocupación está en crecimiento constante, alcanzando el 4,6% en noviembre, el nivel más alto desde 2021. El presidente de la Fed, Jerome Powell, atribuyó la culpa de los problemas económicos a los aranceles impuestos por el presidente. Incluso las cifras sobre los inversiones extranjeras en los Estados Unidos han sido puestas en duda. El presidente afirmó haber obtenido 18 mil millones de dólares de inversiones, pero esta afirmación ha sido considerada engañosa, representando casi el doble de los 9.800 mil millones contabilizados por la oficina de prensa de la Casa Blanca.
El tono del discurso presidencial no convenció, con la impresión de que el presidente leyó rápidamente un discurso escrito por su equipo sin mucho interés. Esto podría deberse a la conciencia de una caída de popularidad. A pesar de las reclamaciones de logros sin precedentes, los sondeos muestran que el 57% de los estadounidenses desaprueba la gestión económica del presidente. Incluso entre los republicanos, el 30% cree que el país ya está en recesión. El discurso podría verse como un intento de abordar las preocupaciones económicas de los estadounidenses en vista de las elecciones de medio término, pero su impacto efectivo sigue siendo incierto.
La Casa Blanca está enfrentando números abismales en los sondeos y una serie de escisiones entre los republicanos. A medida que más legisladores comienzan a darse cuenta del precio electoral que podrían pagar por su defensa del presidente en cuestiones como los costos de la asistencia sanitaria, la falta de recuperación económica y los expedientes relacionados con Jeffrey Epstein. Las elecciones de medio término se acercan y los demócratas parecen bien posicionados para ganar apoyo. El discurso del presidente podría ser un señal de que la situación está volviéndose crítica, con la posibilidad de que su base de apoyo esté comenzando a ceder.
