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El Lema de Trump: Paz a través de la Fuerza

Donald Trump promueve la paz mediante la fuerza en su Estrategia de Seguridad Nacional, reforzando un enfoque militarista para salvaguardar los intereses de Estados Unidos. Su apuesta por el poderío militar sobre el poder blando lo aleja de potenciales
Desfiles militares, aumento del gasto en defensa y despliegues globales.

Donald Trump pronuncia un discurso ante las tropas de la Base Aérea de la Guardia Nacional de Selfridge, Míchigan, el 25 de abril de 2025. En su reciente Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), Trump enfatiza reiteradamente la idea de que la fuerza militar es esencial para la seguridad. Esta postura no es nueva; muchos gobernantes a lo largo de la historia han creído que cuanto mayor sea su fuerza militar, mayor será su seguridad. Trump, sin embargo, lleva esta idea al extremo al declarar su intención de contar con «el ejército más poderoso y competente del mundo» como instrumento fundamental para salvaguardar los intereses propios.

El año 2025 termina con la expectativa de que el Senado avale lo que ya la Cámara de Representantes aprobó el 10 de diciembre: más de 900.000 millones de dólares para el capítulo de defensa en el próximo año fiscal. Esta cifra refleja la prioridad que Trump otorga a la defensa militar, una estrategia que muchos consideran un intento de preservar un statu quo del cual EEUU ha sido el principal beneficiario durante décadas.

EEUU se autoproclama como el garante de la paz mundial, actuando como una especie de policía global debido a la falta de una Organización de las Naciones Unidas (ONU) efectiva. Sin embargo, esta «Pax Americana» implica un modelo de relaciones diseñado para consolidar la posición de EEUU como potencia hegemónica planetaria. La afirmación de que «los días en que Estados Unidos sostenía por sí solo el orden mundial como Atlas han quedado atrás» suena grandilocuente y cínica, dado que EEUU sigue intentando mantener su hegemonía.

Cualquier actor que no se acomode al papel que EEUU le ha asignado en el reparto de juego queda inmediatamente identificado como un enemigo de la paz. Es evidente que todos los Estados del planeta tienen legítimos intereses de seguridad y deben contar con un instrumento de disuasión y castigo, es decir, unas Fuerzas Armadas. Sin embargo, no basta con el «poder fuerte» para garantizar la seguridad propia. La apuesta militarista de Trump, al despreciar el «poder blando», supone un error mayúsculo.

El «poder blando» incluye componentes como el comercial, el cultural, el diplomático y el de donante, los cuales sirven para atraer y alinear a otros a favor del que lo sabe ejercer. Reduce el nivel de confrontación y gana aliados para enfrentar a otros. Decisiones como lanzar una guerra arancelaria o eliminar la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) no solo costarán muchas vidas humanas, sino que también supondrán una notable pérdida de influencia estadounidense en muchos lugares del planeta.

Además, ni siquiera contando con los mejores efectivos y material de defensa imaginables se puede garantizar la invulnerabilidad ante muchas de las amenazas híbridas, convencionales y nucleares que hoy definen nuestro mundo. Decisiones como el despliegue de un nuevo escudo antimisiles, la Cúpula Dorada, no solo no garantiza protección contra armas cada vez más intrusivas, sino que también estimula la proliferación de nuevos artefactos nucleares, como se constata por parte de Rusia.

Existen amenazas y riesgos, como la crisis climática, el terrorismo internacional y el crimen organizado, que no son de naturaleza militar y que, por tanto, no se pueden neutralizar por muchos medios de combate que se desplieguen. Por último, el error se multiplica si se opta por colocar a la Unión Europea (UE) en la diana como un objetivo a batir. EEUU no tiene en el planeta un socio con el que comparta más valores, principios e intereses que con los Veintisiete. En un escenario en que su poder mengua y su hegemonía está en juego ante el empuje de China, parecería elemental la decisión de reforzar aún más los lazos que unen ambas orillas del Atlántico.

Sin embargo, los mensajes que Trump y sus delegados emiten hacia sus aliados europeos no pueden ser más inamistosos, cuando no directamente hostiles. Lo peor no es solo que EEUU se empecine en el error, sino que los Veintisiete traten de imitarlo, con un plan de rearme que va a tensionar aún más la cohesión social de sus poblaciones, debilitando el Estado de bienestar, y que sigue basado fundamentalmente en consideraciones nacionalistas.

Los diplomáticos y líderes participan en negociaciones y intercambios culturales a nivel global.