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La Carrera Nuclear entre Estados Unidos y Rusia: Más Allá de la Disuasión

La escalada de pruebas nucleares entre Estados Unidos y Rusia ha generado tensiones desde octubre, con declaraciones de Putin y Trump sobre armas avanzadas. El Tratado New START expira en 2026, y Rusia propuso su extensión unilateral sin respuesta
Los líderes Putin y Trump en centros de mando con activos militares.

Desde el 26 de octubre de 2025, ha habido una escalada en la retórica nuclear entre Estados Unidos y Rusia. Vladímir Putin anunció desde el puesto de mando de la Fuerza Conjunta de Rusia el éxito en las pruebas de un misil de crucero Burevestnik de propulsión nuclear, describiéndolo como una arma única en su tipo. Donald Trump respondió rápidamente, afirmando que Estados Unidos posee el mejor submarino nuclear del mundo, estacionado cerca de las costas rusas. Tres días después, Putin anunció un ensayo exitoso del dron submarino de propulsión nuclear Poseidón, destacando su velocidad, profundidad y capacidad de evasión. Trump, a su vez, ordenó la reanudación de las pruebas de armas nucleares de Estados Unidos en igualdad de condiciones con Rusia y China.

La tensión se ha intensificado debido a la agresión rusa contra Ucrania y la inminente expiración del Nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (New START) el 4 de febrero de 2026. Este tratado, firmado por los presidentes Barack Obama y Vladímir Putin en 2011, limita el número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas, impone medidas de verificación y permite la previsibilidad y reducción del riesgo de errores de cálculo. Sin una renovación, se abriría un escenario sin controles, aumentando el peligro en un entorno de creciente confrontación.

Es crucial aclarar que, pese a la retórica, ningún país está realizando pruebas con ojivas nucleares. Lo que se está ensayando son sistemas de armas capaces de portar ojivas nucleares. Moscú y Washington buscan mantener su poder de disuasión mediante el armamento nuclear. Sin embargo, el «equilibrio de terror» de la Guerra Fría, establecido como un canal de comunicación transparente entre la Unión Soviética y Estados Unidos después de la crisis de los misiles en Cuba en 1962, se está erosionando por una escalada verbal peligrosa.

El pasado 22 de septiembre, el presidente ruso Vladímir Putin propuso a Donald Trump mantener las restricciones cuantitativas del New START durante un año o más. Esta iniciativa se presenta como un gesto unilateral de buena voluntad, condicionado a la reciprocidad. Rusia está dispuesta a respetar voluntariamente los límites esenciales del tratado hasta febrero de 2027, siempre que Estados Unidos se comprometa a hacer lo mismo. No se trataría de una extensión formal ni implicaría reactivar los mecanismos de verificación del acuerdo, que Rusia abandonó en 2023. Las inspecciones y los intercambios de datos seguirían suspendidos.

La postura estadounidense respecto al New START tiene dos enfoques contrapuestos. Los sectores escépticos consideran que el control de armas limita la flexibilidad militar estadounidense y dificulta responder al ascenso nuclear chino y a la agresividad rusa. Quienes defienden un nuevo acuerdo sostienen que el control del armamento nuclear ha aportado beneficios claros, reduciendo los arsenales durante medio siglo y creando mecanismos de transparencia que disminuyen el riesgo de un conflicto nuclear.

El fin del New START no tiene por qué implicar el colapso del control de armas. El objetivo inmediato es evitar una escalada nuclear, preservar canales de comunicación que reduzcan riesgos, facilitar formas limitadas de cooperación y mantener viva la arquitectura del control de armamento en un entorno hostil. Un primer paso podría ser un mayor sentido de responsabilidad en la comunicación pública por parte de los líderes de Rusia y Estados Unidos. La declaración conjunta de Reagan y Gorbachov en 1985 -una guerra nuclear no puede ganarse y nunca debe librarse- sigue vigente.

Los documentos y mapas detallan las negociaciones del tratado nuclear.