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Rome and Berlin at the industrial crossroads of Europe

The second Italian-German ministerial forum, presided by Adolfo Urso and Katherina Reiche, takes place in Rome. Italy and Germany, Europe's main manufacturing powers, strengthen their strategic dialogue in the midst of discussions on regulatory simplification and competitiveness in Brussels
Italian and German officials shake hands, sign agreements together.

La convergenza tra Roma e Berlino asume un rol crucial en el replanteamiento de la gobernanza económica de la Unión Europea. Hoy en Roma se celebra el segundo Foro ministerial italo-alemán, después del inaugural de hace un año en Berlín. Este evento se desarrolla en un contexto en el que Bruselas está discutiendo sobre simplificación normativa y reactivación industrial. Sin embargo, los países europeos encuentran dificultades para reaccionar a las acciones de los “grandes”, como los Estados Unidos de Trump y la China de Xi, y aún más para pasar a acciones proactivas. Recientemente, un documento de la Comisión Europea sobre el reforzamiento de la Estrategia de seguridad económica fue reducido, pasando de “doctrina” a simple “comunicación” para evitar conflictos con los países miembros. En particular, los países más pequeños y liberales son escépticos respecto a las políticas industriales activas, temiendo ineficiencias económicas y la creación de “campeones europeos” provenientes de los países más grandes.

Una de las preguntas principales que flota sobre el Foro de hoy es si la Europa, a más de un año de la publicación del informe Draghi, es capaz de reactivar su economía.

En los últimos tiempos, se ha hablado mucho de las políticas europeas y de los omnibus que buscan reducir el peso normativo y regulatorio sobre los actores económicos del continente. El lunes, la Alianza para las industrias energéticas, compuesta por 25 de los 27 países de la UE, se reunió en Bruselas para examinar medidas de apoyo a empresas como la siderurgia y la química, duramente golpeadas por la crisis energética del 2022-2023 y por el aumento estructural de los costos de la energía debido al phasing out del gas ruso. En esta ocasión, se recordó también el documento conjunto italo-alemán enviado en octubre a la Comisión Europea, que pide medidas para un “cambio de rumbo en el automóvil” y una reforma de las reglas de decarbonización europeas con responsabilidad, pragmatismo y visión.

Recientemente, se alcanzó un acuerdo político entre Parlamento y Consejo UE para la reforma de CSRD y CS3D, reglamentos que norman el deber de informar sobre la sostenibilidad empresarial y la diligencia empresarial en la sostenibilidad de los propios proveedores. En este clima, la relación entre Italia y Alemania ha adquirido una visibilidad que no tenía hace tiempo. Durante la crisis del euro, la distancia entre los dos países aumentó: Berlín, a la cabeza de un grupo de países “virtuosos”, pidió a Italia principalmente el respeto de las reglas fiscales, y faltaba la idea de una relación realmente estratégica. Sin embargo, el diálogo no se interrumpió, aunque se mantuvo suspendido, privado de una cornisa capaz de soportar el peso político y económico.

La firma del Plan de Acción italo-alemán en 2023 marcó un giro, haciendo estructural un diálogo que antes dependía demasiado de las circunstancias. Esta elección tiene sentido sobre todo hoy, cuando se vuelve cada vez más difícil separar las dificultades que enfrenta Italia de las de Alemania. La crisis iniciada en 2022 mostró que las industrias italianas y alemanas crecen y sufren juntas, reaccionando juntas a las decisiones tomadas a nivel europeo. Por ejemplo, en agosto de 2025, una contracción de la producción industrial alemana del 7% en comparación con febrero de 2022 correspondió a una contracción de la italiana del 6%, mientras que en el mismo período, la producción industrial francesa creció un 1%. Es evidente que las filias italo-alemanas atraviesan fronteras que la política no puede permitirse mantener rigidas.

En los últimos años, esta interdependencia se ha vuelto cada vez más evidente también para los decisores políticos. A nivel europeo, el continente no está atravesando una crisis pasajera sino una fase de adaptación compleja, en la que reglas pensadas para un mundo más estable y “estático” muestran muchos de sus límites. El debate sobre la simplificación, aunque ha adquirido tintes ideológicos y ha dividido la clase política europea, nace de esta fricción creciente entre un aparato normativo cada vez más articulado y una economía que fatica a transformar innovación e inversiones en crecimiento efectivo y sostenible. Este tema es hoy al centro de la agenda europea, indicando un cambio significativo en el consenso político alrededor del enfoque europeo, que hasta el año pasado ponía al centro el principio de precaución incluso cuando los costos asociados a su defensa eran medibles y significativos.

En este paso, la convergencia entre Roma y Berlín pesa mucho. Alemania, tradicionalmente atenta a la solididad y estabilidad de las reglas, se enfrenta con una industria en grave crisis y que pide una profunda revisión del existente. Por otro lado, Italia, por años percibida como el país de las excepciones y los “sforamientos”, llega a este punto con un perfil más creíble, hecho de fuerte estabilidad política y mayor prudencia fiscal. Este punto de encuentro reduce viejas desconfianzas y abre un espacio político nuevo, sobre todo cuando se trata de incidir en las decisiones de la Comisión y del Consejo. Lo mismo vale para el digital y la inteligencia artificial.

La Unión Europea ha elegido intervenir pronto, construyendo un marco normativo ambicioso que refleja una idea precisa de tutela de la privacidad y responsabilidad de las empresas que ofrecen servicios digitales. Hoy, la cuestión es cómo hacer convivir esta postura con la necesidad de no perder el tren de la digitalización en general, y la IA en particular. Sia para la industria, sia para los consumidores de estos nuevos servicios, que serán cada vez más los trabajadores de hoy y mañana. También aquí, Italia y Alemania llegan desde experiencias diferentes. Roma mira a la IA para transformar y dar herramientas más a un tejido productivo fragmentado, mientras que Berlín piensa a la modernización de la gran industria.

Trovare un nuovo equilibrio non sarà semplice, ma è chiara la consapevolezza di tutti gli attori che sia necessario evitare che l’Europa resti intrappolata in soluzioni pensate più per limitare i rischi che per cogliere opportunità. Il senso del bilaterale di questi giorni sta in questa consapevolezza condivisa. Italia e Germania devono cercare di far leva su una relazione finalmente strutturata per poter incidere, in maniera congiunta, su una fase in cui l’Unione sta ripensando profondamente il proprio modello economico.

La sfida per l’Europa

Se Roma e Berlino riusciranno a far pesare questa convergenza sul piano delle riforme, il loro dialogo non resterà confinato ai bilaterali. La sfida successiva sarà far “digerire” gli orientamenti italo-tedeschi ai partner europei. Quest’anno e i prossimi dimostreranno se l’Europa, che si muove faticosamente e a geometrie variabili, riuscirà a costruire un nuovo consenso continentale sulle nuove strade per la ripresa economica del continente.

A world map displaying economic indicators and global leaders.