
Israel sigue disfrutando de una patente de corso, actuando con impunidad en conflictos internacionales y violando normas fundamentales del derecho internacional. Los ataques aéreos israelíes en la Franja de Gaza han incendiado las calles durante bombardeos recientes, evidenciando una situación de conflicto constante.
El marco institucional y normativo global, que regula el uso de la fuerza y promueve la paz, ha sido fundamental para reducir la violencia y aumentar la seguridad internacional. Este sistema requiere que todos los Estados renuncien a métodos violentos y se ajusten a reglas de juego comunes, confiando en la eficacia de organismos como la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, Israel, y particularmente el gobierno liderado por Benjamín Netanyahu, parece exento de estas normas.
En Siria, Líbano y Palestina, Israel ha llevado a cabo acciones que violan el derecho internacional y los acuerdos firmados. En Siria, las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) han realizado incursiones aéreas y terrestres, aprovechando la debilidad del gobierno de Ahmed al-Sharaa para expandir su control territorial. Estas acciones incluyen la ocupación ilegal de territorios y la violación de acuerdos internacionales, como los relacionados con los Altos del Golán.
En el Líbano, a pesar de que Hizbulah no ha realizado ataques contra Israel desde el alto el fuego, las FDI continúan con ataques diarios contra objetivos libaneses. Estas acciones se justifican bajo el pretexto de responder a ataques inexistentes o intentos de rearmamiento de Hizbulah. Además, Israel mantiene su presencia en cinco localidades libanesas, en violación de los acuerdos de alto el fuego.
En Palestina, la situación es aún más crítica. En Cisjordania, una combinación de efectivos militares y colonos armados realizan incursiones violentas diarias en localidades palestinas, destruyendo vidas y propiedades. En Gaza, Israel ha incumplido reiteradamente el acuerdo de alto el fuego alcanzado en octubre de 2024, utilizando argumentos similares a los empleados en el Líbano.
La impunidad de Israel se debe en gran medida a su superioridad militar, tanto convencional como nuclear, en comparación con otros países de la región. Además, cuenta con el respaldo de Washington, que emplea su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para proteger a Israel, proporciona apoyo económico y militar, y financia proyectos de investigación en defensa. Este respaldo, junto con la complicidad de buena parte de la comunidad internacional, permite a Israel actuar con impunidad.
La pasividad internacional ante estas violaciones es alarmante. A pesar de que las acciones de Israel se desarrollan a plena luz del día y no se pueden justificar con la ignorancia, la comunidad internacional no ha tomado medidas efectivas para obligar a Israel a ajustarse a las normas internacionales. Existen medios de respuesta, tanto diplomáticos como económicos y militares, pero lo que falta es la voluntad política para implementarlos.
La situación en Siria, Líbano y Palestina no solo pone en peligro la vida de palestinos, sirios y libaneses, sino también el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Este orden, basado en reglas y normas comunes, ha sido fundamental para mantener la paz y la seguridad global. Si la comunidad internacional no actúa, corre el riesgo de desmoronarse, lo que tendría consecuencias devastadoras para la estabilidad mundial.
