
El presidente ucraniano Zelensky ha declarado que su país está listo para celebrar elecciones en los próximos 60-90 días, mostrando flexibilidad frente a las presiones de Trump. Sin embargo, ha subrayado que la seguridad de las operaciones de voto debe ser garantizada con la ayuda de Estados Unidos y sus aliados europeos. Esta declaración llegó en respuesta a las afirmaciones de Trump, quien acusó a la administración ucraniana de usar la guerra como pretexto para no celebrar elecciones. Trump también criticó a Europa, describiéndola como un grupo de «países en decadencia» liderados por personas «debiles».
El clima de incertidumbre se vuelve cada vez más pesado, con Estados Unidos que parece estar aplastado por las posiciones del Kremlin. Zelensky repitió que la cuestión de las elecciones depende sobre todo del pueblo ucraniano y definió como irrazonables las insinuaciones de que él o su gobierno se estén agarrando al poder para prolongar la guerra. El mandato de Zelensky, elegido en 2019 con el 73% de los votos, debería haber concluido en mayo de 2024, pero las elecciones fueron suspendidas con la declaración de la ley marcial después de la invasión rusa.
Un sondeo realizado en marzo por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev reveló que alrededor del 78% de los ciudadanos se opone a la celebración de elecciones después de un cese al fuego con garantías de seguridad, prefiriendo regresar a las urnas solo después de una solución completa al conflicto. La cifra bajó al 63% en un sondeo de septiembre, señalando un pequeño pero significativo cambio de opinión pública. Desde el punto de vista práctico, hay obstáculos notables para la organización de elecciones en tiempo de guerra, con millones de ucranianos refugiados en el extranjero debido al conflicto.
El intercambio entre Trump y Zelensky destaca la creciente inseguridad de Estados Unidos sobre el conflicto, que el presidente estadounidense esperaba cerrar o al menos congelar en tiempos más rápidos. Trump declaró que Ucrania ya no es una democracia, acercándose a la narrativa rusa. Moscú ha repetido varias veces que no quiere firmar un acuerdo de paz con un gobierno que considera ilegítimo, presionando por elecciones presidenciales que podrían desencadenar una crisis política y social en Ucrania. Un parlamentario ucraniano declaró que la hipótesis de ir a las urnas es exactamente lo que quiere Putin, ya que una campaña electoral sería divisiva.
Más allá de la cuestión electoral, Zelensky está bajo presión por otros motivos. Los líderes europeos están preocupados por haber sido excluidos de los negocios en curso, centrados en una propuesta de plan entre Estados Unidos y Rusia que requiere amplias concesiones de parte de Kiev. Zelensky describió los diálogos con la primera ministra italiana como «excelentes y muy profundos en todos los aspectos de la situación diplomática». Los negocios con Washington giran en torno a cuestiones delicadas, como las futuras garantías de seguridad y el estatus de las regiones orientales de Ucrania, reclamadas por Moscú.
Con Estados Unidos aplastado por una lógica de confrontación entre potencias, Ucrania espera en un impulso de orgullo de sus socios europeos, llamados a hacerse camino entre Moscú y Washington para influir en el futuro del país, que ya ha estado en guerra durante casi cuatro años. Las enormes dificultades logísticas y legales, más las evidentes amenazas a la seguridad, hacen que cualquier voto sea una apuesta de alto riesgo.
