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The EU and Mercosur reach a historic agreement.

The European Union and Mercosur are close to a historic free trade agreement, after more than twenty years of negotiations. The alliance would involve more than 700 million people and an annual exchange of almost 100 billion euros. Environmental
Maps and graphs illustrate EU-Mercosur trade agreement impact.

El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) ha llegado finalmente a un punto crucial después de más de 20 años de negociaciones intermitentes. Este acuerdo, si se ratifica, crearía la mayor área comercial jamás realizada en Bruselas, involucrando a más de 700 millones de personas y un intercambio potencial de casi 100 mil millones de euros al año. Las negociaciones, iniciadas en 1999, han enfrentado numerosas fases alternas, principalmente debido a disputas sobre cuestiones agrícolas y ambientales.

Un paso significativo

Un paso significativo se dio en 2019, cuando las partes anunciaron que habían alcanzado un acuerdo político de amplio alcance. Sin embargo, el acuerdo nunca fue ratificado debido a la gestión ambiental del gobierno brasileño, que vio un aumento de la deforestación de la Amazonía y una relajación de los controles sobre las prácticas agrícolas. Esta situación suscitó una fuerte oposición en Europa, especialmente de parte de Francia e Irlanda, que exigieron garantías concretas sobre el frente climático y social.

La presidencia española del Consejo UE

En los últimos meses, la presidencia española del Consejo UE ha acelerado los contactos, empujando a las partes a encontrar un terreno común sobre temas sensibles como las clausulas de sostenibilidad y la protección de la selva amazónica. Brasil y Argentina han mostrado un renovado interés en el acuerdo, deseosos de abrir nuevos mercados para las exportaciones agroalimentarias y de atraer inversiones europeas en infraestructuras y transición verde.

Beneficios para la UE y el Mercosur

Para la UE, el acuerdo representaría un acceso privilegiado a un mercado en fuerte crecimiento, con beneficios significativos para los sectores industriales y de servicios. Para el Mercosur, la intesa ofrecería una histórica oportunidad de diversificación económica, reduciendo la dependencia de la Cina como principal socio comercial y consolidando lazos con la UE en un contexto geopolítico cada vez más fragmentado. Los gobiernos sudamericanos ven el acuerdo como un paso crucial para el reanudamiento de sus economías post-pandemia.

Oposiciones y desafíos

Sin embargo, no faltan las oposiciones. En Europa, Francia e Irlanda lideran el frente agrícola contrario, temiendo la competencia de las exportaciones sudamericanas, a menudo producidas con estándares ambientales menos estrictos. En Sudamérica, la Argentina es particularmente preocupada por el impacto en sus industrias manufactureras. Además, el tema ambiental sigue siendo central: las ONG europeas denuncian que sin garantías adecuadas, el pacto corre el riesgo de legitimar prácticas de deforestación y explotación insostenible de recursos.

El cambio de rumbo del gobierno italiano

Un elemento nuevo es representado por el cambio de rumbo del gobierno italiano. Inicialmente escéptico, especialmente debido a las presiones internas del sector agrícola preocupado por una mayor competencia en carne bovina y azúcar, el ejecutivo italiano se ha ido alineando progresivamente al frente favorable. Las razones son tanto económicas como geopolíticas. Las empresas italianas, especialmente en los sectores de la mecánica, la automoción y los servicios, ven en el Mercosur un mercado con enormes potencialidades, capaz de absorber tecnología y conocimiento europeos. Roma apunta también a reforzar sus lazos con Brasil y con América Latina en su conjunto, en coherencia con la agenda de “diplomacia de la crecimiento” que el gobierno ha puesto al centro de la política exterior. El acuerdo se ve también como un elemento de la estrategia de diversificación de las cadenas de suministro, útil para reducir la dependencia europea de la Cina y garantizar acceso a materias primas estratégicas, como el litio y el cobre.

El acuerdo en el contexto global

El acuerdo debe leerse también en la luz de las tensiones globales. Para la UE, reforzar los lazos con América Latina significa reducir la vulnerabilidad a las cadenas de suministro asiáticas y consolidar alianzas en una región rica en recursos. Para Brasil, se trata de confirmar su ambición de actor global, capaz de dialogar tanto con Washington y Bruselas como con Pekín y Moscú.

El camino de ratificación

El camino de ratificación sigue siendo complejo: se necesitará el visto bueno del Parlamento Europeo y de los Parlamentos nacionales, y no se excluye que algunos países puedan poner condiciones adicionales. Sin embargo, la voluntad política parece hoy más fuerte que las resistencias, y el 2025 podría pasar a la historia como el año en que el acuerdo UE-Mercosur vio finalmente la luz.

En los últimos meses, la presidencia española del Consejo de la UE ha acelerado los contactos, empujando a los partidos a encontrar un terreno común en temas sensibles como las cláusulas de sostenibilidad y la protección de la selva amazónica. Brasil y Argentina han mostrado un renovado interés en el acuerdo, ansiosos por abrir nuevos mercados para las exportaciones de alimentos y atraer inversiones europeas en infraestructura y transición verde.

Para la UE, el acuerdo representaría un acceso privilegiado a un mercado en rápida expansión, con beneficios significativos para los sectores industrial y de servicios. Para Mercosur, el acuerdo ofrecería una oportunidad histórica para la diversificación económica, reduciendo la dependencia de China como principal socio comercial y consolidando lazos con la UE en un contexto geopolítico cada vez más fragmentado. Los gobiernos sudamericanos ven el acuerdo como un paso crucial para el relanzamiento de sus economías después de la pandemia.

Sin embargo, también hay oposiciones. En Europa, Francia e Irlanda lideran la frente agrícola contra el acuerdo, temiendo la competencia de las exportaciones sudamericanas, a menudo producidas con estándares ambientales menos estrictos. En Sudamérica, Argentina se preocupa especialmente por el impacto en sus industrias manufactureras. Además, el tema ambiental sigue siendo central: las ONG europeas denuncian que sin garantías adecuadas, el pacto corre el riesgo de legitimar prácticas de deforestación y explotación de recursos insostenibles.

Un nuevo elemento es representado por el cambio de curso del gobierno italiano. Inicialmente escéptico, especialmente debido a la presión interna del sector agrícola preocupado por la competencia aumentada en la carne de vaca y el azúcar, el ejecutivo italiano ha progresivamente alineado su posición con el frente a favor del acuerdo.

Las razones son tanto económicas como geopolíticas. Las empresas italianas, especialmente en los sectores mecánico, automotriz y de servicios, ven a Mercosur como un mercado con un enorme potencial, capaz de absorber la tecnología y el conocimiento europeos. Roma también busca fortalecer sus lazos con Brasil y América Latina en su conjunto, en línea con la “diplomacia de crecimiento” que el gobierno ha colocado en el centro de su política exterior. El acuerdo también se considera una pieza de la estrategia de diversificación de las cadenas de suministro, útil para reducir la dependencia europea de China y garantizar el acceso a materiales estratégicos, como litio y cobre.

El acuerdo debe leerse también en el contexto de las tensiones globales. Para la UE, fortalecer los lazos con América Latina significa reducir la vulnerabilidad a las cadenas de suministro asiáticas y consolidar alianzas en una región rica en recursos. Para Brasil, es una cuestión de confirmar su ambición de ser un actor global, capaz de dialogar con Washington y Bruselas, así como con Beijing y Moscú.

El proceso de ratificación sigue siendo complejo: requerirá la aprobación del Parlamento Europeo y de los parlamentos nacionales, y no se excluye que algunos países impongan condiciones adicionales. Sin embargo, la voluntad política parece más fuerte que las resistencias hoy en día, y 2025 puede pasar en la historia como el año en que el acuerdo UE-Mercosur finalmente vio la luz.

Deforestation in the Amazon amidst protests and diplomatic tensions.