
De la COP29 a la COP30: financiación, mercados y compromisos insuficientes
La 29ª Conferencia de las Partes (COP29) de Bakú, Azerbaiyán, conocida como la «COP de las finanzas», culminó con el Baku Climate Unity Pact. La cumbre se desarrolló en un contexto geopolítico complejo, marcado por la reelección de Donald Trump en Estados Unidos y el retroceso de la agenda climática en varios países. A pesar del cauto pesimismo inicial, la COP29 logró varios avances significativos que permitirán avanzar en la implementación de compromisos climáticos progresivamente ambiciosos antes de la COP30.
Uno de los hitos más importantes fue la definición de un nuevo objetivo de financiación climática internacional, denominado nuevo objetivo colectivo cuantificado (NCQG). Este objetivo triplica el compromiso actual de los países desarrollados, elevándolo a 300.000 millones de dólares anuales para 2035, en comparación con los 100.000 millones actuales. Además, se estableció una meta ampliada de financiación de 1,3 billones de dólares anuales en 2035, respondiendo a las demandas de los países en desarrollo. La Hoja de Ruta Bakú-Belém fue acordada para alcanzar esta meta.
El NCQG amplía la base de contribuyentes y prevé dedicar una parte sustancial de la financiación pública a la adaptación. Otro avance sustantivo fue el acuerdo para la plena operacionalización del artículo 6 del Acuerdo de París, que facilita la cooperación entre países y entidades a través de mecanismos de mercado. Este artículo también incluye iniciativas no relacionadas con los mercados de carbono. La implementación de estándares robustos en el artículo 6 podría aumentar significativamente la eficiencia de las acciones climáticas y asegurar la integridad ambiental de los mecanismos de mercado.
En el ámbito de la adaptación, se acordaron directrices para el establecimiento de 100 indicadores de adaptación aplicables globalmente, de los 9.000 propuestos. Sin embargo, las negociaciones climáticas en Bakú no lograron avanzar en áreas clave para la Unión Europea, como la mitigación y la transición justa.
En 2025, las Partes del Acuerdo de París presentarán una nueva ronda de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero, se espera que presente su NDC teniendo en cuenta los objetivos de su 15º Plan Quinquenal, que se presentará en 2026. Aunque China ha cumplido anticipadamente su objetivo de renovables, ha mostrado retrasos en el cumplimiento de sus objetivos de intensidad energética y de carbono. A pesar de esto, China ha manifestado su compromiso con la transición energética y su intención de aumentar su peso en la gobernanza climática mundial.
Estados Unidos presentó su NDC en diciembre de 2024 bajo la Administración Biden, pero esta perderá vigencia tras la salida de EEUU del Acuerdo de París en enero de 2026. La Unión Europea retrasará el envío de su NDC hasta la segunda mitad de 2025, pendiente del establecimiento del objetivo de reducción de emisiones a 2040.
La COP30 volverá a centrarse en la financiación, aunque también se abordarán otros elementos sustantivos pendientes de negociación. Se publicará el informe sobre la Hoja de Ruta de Bakú a Belém para alcanzar los 1,3 billones de dólares de financiación climática en 2035. También se esperan avances en posibles gravámenes al sector del transporte aéreo y marítimo, la implementación de las recomendaciones del balance global, y la protección de la biodiversidad y los bosques.
La adaptación seguirá ganando protagonismo con la selección de 100 indicadores para evaluar el cumplimiento del objetivo global de adaptación y el llamamiento a los países para que envíen sus planes nacionales de adaptación antes de la COP30. En las reuniones intersesionales de Bonn en junio y en la COP30, se esperan avances en el programa de trabajo sobre transición justa y en la interconexión de los distintos instrumentos para hacer frente a las pérdidas y daños.
La Declaración de Bakú sobre Agua para la Acción Climática representa una oportunidad para reforzar el papel del agua en las políticas climáticas internacionales. Con la conclusión de las negociaciones del artículo 6, se espera retomar la reflexión sobre el futuro de las negociaciones climáticas para simplificarlas y fomentar la acción climática. Esto implicará fortalecer los lazos con actores que no son “Parte” del Acuerdo de París y establecer prioridades claras relativas a las acciones a llevar a cabo.
Para la COP30, se proponen las siguientes recomendaciones: reforzar activamente las alianzas existentes y fomentar el liderazgo compartido entre las Partes que permanecen en el Acuerdo de París tras el anuncio de la retirada de EEUU. Aumentar la información regionalizada sobre necesidades de financiación, aumentar la cuantía de financiación climática disponible y mejorar el acceso a la misma. Establecer un plan para cerrar la brecha de ambición que transcienda la llamada a la actualización anual de los NDC. Llegar a un acuerdo sobre los 100 indicadores para avanzar en el objetivo global de adaptación y dotar a los países en desarrollo de medios para llevar a cabo el seguimiento de estos. Desarrollar una plataforma para intercambiar experiencias relativas a la gobernanza de la transición justa y avanzar hacia un Marco Global para la Transición Justa.
