
Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reunirán informalmente en Copenhague el 1 de octubre para discutir cómo fortalecer la defensa común de Europa y el apoyo a Ucrania. Esta reunión tiene lugar en un contexto de general alarmismo debido a las incursiones de drones y aviones rusos en el espacio aéreo de varios estados miembros y aliados de la OTAN. Estas acciones parecen indicar una nueva fase de provocaciones y acoso por parte de Vladímir Putin.
El presidente ruso ha decidido intensificar su arsenal de ataques híbridos a través de invasiones aéreas, interferencias con los sistemas de navegación aérea civil que transportan líderes políticos europeos, sabotaje de aeropuertos, sobrevuelos de barcos y bases militares. Estos actos buscan evaluar las capacidades de respuesta militar de Europa, incluyendo tiempos de reacción, recursos mobilizados, procedimientos de toma de decisiones, cadenas de mando y control. Además, Putin está probando la determinación política colectiva, la unidad de acción y la cohesión interna de la UE.
La disparidad de costos entre los drones rusos, fabricados con materiales baratos y portadores de explosivos y un algoritmo, y los sistemas de defensa europeos, como los misiles “Patriot” o los aviones de combate F-35, es insostenible. Hoy en día, la UE no cuenta con sistemas de artillería terrestre de múltiples niveles capaces de derribar drones enemigos a bajo costo. Esta falta de planificación estratégica y operativa aliada después de tres años y medio de guerra en Ucrania es inexplicable.
Propuestas para fortalecer la defensa europea
El Comisionado de Defensa ha propuesto construir una “pared de drones” para detectar, monitorear y eliminar drones dentro de un año, como parte del programa “Vigilancia de la Llanura Oriental”. Mientras tanto, el Secretario General de la OTAN ha lanzado la misión “Sentinela de la Llanura Oriental” para fortalecer la disuasión aérea en la región. Sin embargo, la UE se encuentra en una posición defensiva incómoda, reaccionando a las ofensivas híbridas de Moscú.
Una de las características inherentes de cualquier amenaza o ataque híbrido es que el agresor tiene la ventaja de la iniciativa, decidir el ritmo y el alcance de la escalada o la desescalada de la confrontación. El agredido, por otro lado, opera en la oscuridad, ignorando la naturaleza, intensidad y propósito final del ataque. Esto fuerza al víctima a calibrar cuidadosamente y ponderar su respuesta, evitando tanto la subestimación como la sobreestimación del conflicto.
Hasta que adquiramos las capacidades anti-drones necesarias, sería prudente aprender de Ucrania, que ha desarrollado una industria nacional de drones efectiva. Estos drones no requieren permisos de terceros y han demostrado ser capaces de derribar entre el 80-90% de los drones rusos y alcanzar objetivos legítimos en territorio ruso. El mejor apoyo y la mejor garantía de seguridad para Ucrania es fortalecer sus capacidades militares y convertir sus Fuerzas Armadas en fuerzas lo suficientemente poderosas para repeler la agresión rusa y disuadir futuros ataques.
Para integrar las capacidades militares de Ucrania en la defensa europea, es necesario unir sus estados mayores, estructuras de mando y sistemas de control, con especificaciones de equipo y sistemas homologados. Además, es necesario promover la participación en programas de armamento conjunto y tecnologías dobles, así como cursos de entrenamiento y capacitación. Todo esto requerirá recursos financieros suficientes, predecibles y constantes.
La Comisión ha aprobado un programa de movilización ambicioso de €800.000 millones para 2028, con un fondo de defensa europeo de €135.000 millones. El programa SAFE para adquisiciones militares conjuntas, en forma de préstamos muy favorables, ha sido asignado completamente a los 19 estados miembros que lo han solicitado. Polonia ha solicitado €43.500 millones, mientras que España ha solicitado solo €1.000 millones.
La Comisión también ha propuesto utilizar €140.000 millones de fondos soberanos rusos congelados y confiscados que se encuentran en bancos europeos para financiar el esfuerzo militar de Ucrania y su posterior reconstrucción. Esta decisión es controvertida debido a su impacto negativo en la credibilidad del sistema financiero europeo, pero en este contexto militar excepcional, se considera justificada.
Los esfuerzos de financiamiento público deben estar acompañados de la movilización de recursos privados. La inversión bancaria privada en seguridad y defensa se ha considerado de alto riesgo debido a los largos plazos para los posibles retornos y la necesidad de provisionar créditos pesados. La decisión de la Caja de Inversión Europea (CIE) de triplicar su financiamiento para proyectos y programas de defensa a €3.000 millones para 2025 es commendable, no tanto por la cantidad de préstamos como por el impacto potencial que podría tener en las entidades privadas europeas.
Sería un error descartar a priori recursos y mecanismos de financiamiento proporcionales al desafío existencial a nuestra seguridad compartida.
Respuesta política unificada
Más allá de la necesidad de adquirir recursos militares adecuados y movilizar recursos financieros suficientes, es crucial articular una respuesta política firme, unida y ininterrumpida a las provocaciones de Putin. El autócrata debe internalizar la resolución de la UE para defenderse y derrotar su militarismo aventurero. Este mensaje debe ser claro en todos los momentos y lugares, obligando a Putin a cambiar sus cálculos estratégicos erróneos y llevándolo a la mesa de negociaciones para una paz justa y duradera para Ucrania. Este es el mensaje que los líderes políticos acordarán en las dos reuniones del Consejo de la UE en octubre.
