
La década actual ha estado marcada por eventos significativos y cambios en la política educativa en el nivel K-12, con varios desarrollos que podrían rediseñar el paisaje educativo. Uno de los tendencias más notables es la presión por los grandes programas de elección escolar privada, que probablemente influirán en la política educativa durante años venideros. Estos programas, incluidos los becas federales con crédito fiscal y los cuentas de ahorro para la educación (ESAs), han sido ampliamente analizados por su impacto en la equidad educativa.
Los programas ESA, en particular, han ganado atención debido a su naturaleza menos restrictiva en comparación con los tradicionales programas de becas. A diferencia de las becas tradicionales, los ESAs permiten a las familias una mayor flexibilidad en la forma en que utilizan los fondos y no se centran exclusivamente en los estudiantes en pobreza, los estudiantes con discapacidad o otros grupos desfavorecidos. El programa ESA de Arizona, que se convirtió en universal en 2022, es un ejemplo paradigmático. Los datos de Arizona han mostrado que los fondos han sido distribuidos de manera desproporcionada en las áreas más ricas, lo que ha suscitado preocupaciones sobre el acceso desigual a las recursos educativos.
La distribución de fondos en los programas de elección escolar privada
Este tipo de análisis se extiende a cinco otros estados – Indiana, Iowa, Carolina del Norte, Ohio y Virginia Occidental – con programas de elección escolar privada universales o casi universales. El objetivo es comprender si los fondos tienden a fluir en las áreas más pobres o más ricas e identificar las características de las políticas que mitigan o exacerban estas desigualdades. Los detalles específicos de las normas de acceso de cada estado son cruciales en este tipo de análisis.
Las líneas guía de ingresos para los programas de elección escolar privada varían significativamente de estado. El término “universal” puede ser engañoso, ya que muchos programas tienen algunas restricciones. La característica clave para nuestra análisis es si el acceso de los familiares a los fondos depende de la incidencia del ingreso doméstico. Los legisladores tienen varias opciones para incorporar el test de ingresos en sus programas. Por ejemplo, los estados pueden limitar los fondos para la elección escolar privada a las familias con un ingreso inferior a un límite de ingreso, priorizar a las familias más pobres cuando los fondos son limitados o proporcionar menos fondos a las familias más ricas a través de una escala móvil.
En los estados sin restricciones de ingreso, como Arizona y Virginia Occidental, los fondos han sido distribuidos de manera desproporcionada en las comunidades más ricas. Este esquema es evidente en las tasas de participación, que son más altas en las áreas con ingresos familiares medios más altos. Indiana e Iowa, que tienen límites de ingreso, también muestran tasas de participación más altas en las áreas más ricas, pero las áreas con ingresos más altos no tienen la mayor parte de los beneficiarios. Esto sugiere que los límites de ingreso pueden frenar la tendencia para que las áreas extremadamente ricas dominen la participación en los programas.
La Carolina del Norte y el Ohio ofrecen más dinero a las familias más pobres, lo que ayuda a prevenir una proporción desproporcionada de fondos de fluir en las comunidades más ricas. En Carolina del Norte, las familias más pobres reciben las becas más grandes, lo que lleva a una tasa de participación más alta en las áreas más pobres. Los programas de Ohio también utilizan un sistema de clasificación basado en la incidencia del ingreso doméstico, lo que lleva a una relación positiva más débil entre las tasas de participación y el ingreso medio familiar local en comparación con otros estados.
Conclusión
La análisis revela que los programas de elección escolar privada universales probablemente estarán destinados a dirigir una proporción desproporcionadamente grande de financiamiento a las áreas más ricas a menos que los legisladores implementen políticas para prevenirlo. Los factores que contribuyen a este esquema incluyen la falta de escuelas privadas en las áreas rurales más pobres y las escuelas privadas que aumentan los precios de las tasas cuando los fondos de elección se vuelven disponibles, excluyendo así a las familias más pobres.
Para abordar la preocupación de que los fondos hayan sido distribuidos de manera desigual en las áreas más ricas, los legisladores deben diseñar los programas de manera que se garantice que las recursos se dirijan a los residentes menos favorecidos. Esto implica la implementación de políticas como escalas móviles basadas en la incidencia del ingreso, la priorización de las familias más pobres o la fijación de límites de ingreso. Sin embargo, abordar esta preocupación no resuelve otros problemas con los programas de elección escolar privada universales, como la falta de transparencia, la responsabilidad, las protecciones contra la discriminación y la prueba de mejoras en los resultados de los estudiantes.
